by David Wilkerson
May 19, 2010
Esta es mi oración diaria. Mientras el temor se esparce y la incertidumbre abunda, oremos para que el Espíritu Santo nos muestre que la murmuración y la queja son señal de que somos impacientes y desconfiamos de nuestro Señor.
En Éxodo 17, Moisés se refirió a la murmuración como “tentar a Dios.” Los hijos de Israel habían llegado a Refidim y no había agua para beber. ¡La duda de incredulidad se esparció por todo el campamento! La gente se olvidó de las anteriores veces en las cuales Dios los había librado de sus aflicciones y comenzaron una vez más a dudar de que Dios estuviera con ellos. Ellos lloraban diciendo, “Dios, ¿por qué nos sacaste de Egipto? ¿Por qué no nos dejaste morir allá en lugar de traernos a este lugar para matarnos?”
Ellos estaban listos para apedrear a Moisés. Con gran misericordia, Dios les dio agua de la roca, pero el Señor hizo que aquel lugar se llamase Masah y Meriba – murmuración y queja. Era un lugar que no debería ser olvidado en el futuro de Israel.
Creemos tener el derecho de murmurar y de quejarnos porque nuestras aflicciones en particular son tan dolorosas, tan difíciles. Han habido momentos en los que he sido culpable de tentar a Dios de esta manera, pero mientras leo Éxodo 17 una y otra vez, un temor reverente de Dios emocionó mi alma – “Dios toma este asunto muy en serio.”
Él nos ha ayudado tanto en el pasado y nos ha probado su fidelidad cada vez. La pregunta es, ¿cuándo confiaremos completamente en él? ¿Cuándo confiaremos completamente en su promesa de guardarnos, de amarnos, de ser nuestro Padre, nuestro protector? Necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude.
Yo le imploro a usted, no murmure ni se queje, por que los que se agarran firme de la fe, ésas personas serán bendecidas. Que Dios me ayude a que esta sea la actitud de mi corazón para los tiempos que se avecinan. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Si usted pudiese saber cómo todo esto aquí se resolverá para la gloria de Dios, usted descansaría en la Palabra de él.
Estamos rodeados de misterios. Aquí buscamos investigar y aclarar algunos de ellos.
Lo mejor!!!
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Y otra más de Nicolás, para pensar
Aclaración previa: En sus envíos, Nicolás jamás escribe textualmente el nombre de Dios, seguramente para no violar el mandamiento que habla de no tomar Su nombre en vano. Aquí me ha parecido que no era imprudente colocarlo con todas las letras por entender que las características de amplitud de pensamiento del blog lo permitían. Si algunos lectores estiman que no debo hacerlo, no tendré reparos en modificar esta posición personal mía en el futuro. Háganmelo saber si así fuese.
Daniel Galatro
***
Aletas y escamas
Hay otro sorprendente “descubrimiento” científico que los sabios ya conocían de años atrás.
Hay otro sorprendente “descubrimiento” científico que los sabios ya conocían de años atrás.
No obstante, a menos que estuvieran muy, muy seguros de sí mismos, no deberían jamás habérnoslo divulgado pues podría haber sido fácilmente desmentido más tarde. La única razón por la que no tuvieron temor de compartirlo con nosotros, es porque no se trataba de un descubrimiento”. Era una antigua tradición científica que Dios mismo relató a Moisés.
¿A qué descubrimiento científico nos estamos refiriendo? La Torá (Levítico 11:9) nos dice que los únicos peces que podemos comer son aquellos que poseen aletas y escamas. Dos mil años atrás, cuando nuestros Sabios registraron por escrito la Ley Oral en la Mishná, anotaron lo siguiente (Tratado Nidá 6:9): “Todo pez que tenga escamas, tiene aletas, pero existen algunos peces que tienen aletas pero no escamas”. De esta Mishná deducimos el siguiente fallo halájico (sobre leyes). (Ver Maimónides, Mishne Torá, Leyes de Alimentos prohibidos 1:24): Todo pez que usted encuentre que tenga escamas –aun si al momento no tuviera aletas- puede ser ingerido. Le está permitido asumir que tuvo aletas y se le cayeron o bien, eventualmente, le han de crecer; pero una cosa es segura: si tiene escamas, es un pez con aletas y puede ser comido.
Ahora bien, ¿cómo es posible que nuestros Sabios supieran esto como hecho real? ¿Tal vez en otro continente distinto podrían ser encontrados peces que tuvieran escamas pero no aletas?
Pero no, nadie jamás descubrió semejante pez. Los sabios no dijeron que esta ley estuviera basada en ningún estudio acuático –lo basaron en la pura tradición que se remonta todo el camino hasta Moisés, quien lo escuchó directamente de Dios.
El muro Occidental
Otra tradición se refiere al Muro Occidental. Nuestros Sabios hacen un comentario fascinante sobre el versículo del Cantar de los Cantares 2:9 “(Dios está) de pie tras nuestro muro, mirando a través de las ventanas y espiando a través de las grietas…”
En el simple sentido alegórico, el versículo nos esta diciendo que, independientemente de lo mal que pudieran parecer las cosas para el pueblo judío, Dios está constantemente cuidando a Su pueblo a la distancia. Otro midrash, que trasmite un comentario sobre este versículo en nombre de Rab Aja, declara que la Presencia de Dios jamás se moverá del Muro Occidental: “La Divina Presencia jamás se moverá del Muro Occidental, tal como está escrito: “He aquí que Él está parado detrás de nuestro muro” (Midrash Shemot Rabá 2:2). Los sabios hacen una declaración aún más fuerte en otro Midrash sobre este versículo: “Detrás de nuestro Muro” (significa) detrás del Muro Occidental del Templo. ¿Por qué? Porque Dios juró que éste jamás sería destruido”.
Pues bien, sabemos que la Torá predice que la Tierra de Israel se volverá desolada (y nuestros sabios realmente vivieron cuando ya la tierra estaba desolada), queriendo decir que nosotros, los judíos, no estaríamos en Israel para detener a todo el que tratase de destruir el Muro Occidental. De hecho, hubo muchos intentos para destruirlo. Pero en vano. En efecto, el Midrash cuenta sobre cómo el general romano Vespasiano asignó generales a la destrucción de cada uno de los cuatro muros del Templo. El Muro Occidental le fue dado a un general llamado Pangar. Por mucho que trató, no tuvo éxito en destruirlo, pues, como nos cuenta el Midrash: “Fue, efectivamente, decretado por los Cielos que jamás sería destruido”. ¿Por qué no? “Porque la Divina Presencia mora en el (Muro de) Occidente”.
¿Por qué se aventurarían nuestros Sabios a hacer tal audaz declaración, sobre que el Muro Occidental jamás sería destruido? ¿No hubiese sido más seguro buscar, simplemente, otras razones por las cuales el Muro no fue destruido aún en su época? ¿Por qué decir, con semejante convicción, que es decreto del Cielo que el Muro jamás sea destruido? Obviamente, ellos tenían una tradición de las mejores fuentes de que Dios nunca permitiría que fuera destruido. Y así es hasta ahora.
¿A qué descubrimiento científico nos estamos refiriendo? La Torá (Levítico 11:9) nos dice que los únicos peces que podemos comer son aquellos que poseen aletas y escamas. Dos mil años atrás, cuando nuestros Sabios registraron por escrito la Ley Oral en la Mishná, anotaron lo siguiente (Tratado Nidá 6:9): “Todo pez que tenga escamas, tiene aletas, pero existen algunos peces que tienen aletas pero no escamas”. De esta Mishná deducimos el siguiente fallo halájico (sobre leyes). (Ver Maimónides, Mishne Torá, Leyes de Alimentos prohibidos 1:24): Todo pez que usted encuentre que tenga escamas –aun si al momento no tuviera aletas- puede ser ingerido. Le está permitido asumir que tuvo aletas y se le cayeron o bien, eventualmente, le han de crecer; pero una cosa es segura: si tiene escamas, es un pez con aletas y puede ser comido.
Ahora bien, ¿cómo es posible que nuestros Sabios supieran esto como hecho real? ¿Tal vez en otro continente distinto podrían ser encontrados peces que tuvieran escamas pero no aletas?
Pero no, nadie jamás descubrió semejante pez. Los sabios no dijeron que esta ley estuviera basada en ningún estudio acuático –lo basaron en la pura tradición que se remonta todo el camino hasta Moisés, quien lo escuchó directamente de Dios.
El muro Occidental
Otra tradición se refiere al Muro Occidental. Nuestros Sabios hacen un comentario fascinante sobre el versículo del Cantar de los Cantares 2:9 “(Dios está) de pie tras nuestro muro, mirando a través de las ventanas y espiando a través de las grietas…”
En el simple sentido alegórico, el versículo nos esta diciendo que, independientemente de lo mal que pudieran parecer las cosas para el pueblo judío, Dios está constantemente cuidando a Su pueblo a la distancia. Otro midrash, que trasmite un comentario sobre este versículo en nombre de Rab Aja, declara que la Presencia de Dios jamás se moverá del Muro Occidental: “La Divina Presencia jamás se moverá del Muro Occidental, tal como está escrito: “He aquí que Él está parado detrás de nuestro muro” (Midrash Shemot Rabá 2:2). Los sabios hacen una declaración aún más fuerte en otro Midrash sobre este versículo: “Detrás de nuestro Muro” (significa) detrás del Muro Occidental del Templo. ¿Por qué? Porque Dios juró que éste jamás sería destruido”.
Pues bien, sabemos que la Torá predice que la Tierra de Israel se volverá desolada (y nuestros sabios realmente vivieron cuando ya la tierra estaba desolada), queriendo decir que nosotros, los judíos, no estaríamos en Israel para detener a todo el que tratase de destruir el Muro Occidental. De hecho, hubo muchos intentos para destruirlo. Pero en vano. En efecto, el Midrash cuenta sobre cómo el general romano Vespasiano asignó generales a la destrucción de cada uno de los cuatro muros del Templo. El Muro Occidental le fue dado a un general llamado Pangar. Por mucho que trató, no tuvo éxito en destruirlo, pues, como nos cuenta el Midrash: “Fue, efectivamente, decretado por los Cielos que jamás sería destruido”. ¿Por qué no? “Porque la Divina Presencia mora en el (Muro de) Occidente”.
¿Por qué se aventurarían nuestros Sabios a hacer tal audaz declaración, sobre que el Muro Occidental jamás sería destruido? ¿No hubiese sido más seguro buscar, simplemente, otras razones por las cuales el Muro no fue destruido aún en su época? ¿Por qué decir, con semejante convicción, que es decreto del Cielo que el Muro jamás sea destruido? Obviamente, ellos tenían una tradición de las mejores fuentes de que Dios nunca permitiría que fuera destruido. Y así es hasta ahora.
Otro mensaje de Nicolás, allá por Marzo del 2007
Hola Daniel, ¿Cómo está?
¿Qué opinión puede darme sobre este gran cálculo que poseen de antaño estos Sabios del Talmud?.
Saludos.
Nicolás Faur - Buenos Aires
El calendario Judío
La Torá nos cuenta (Deuteronomio 16:1) que debemos asegurarnos de que Pesaj (pascuas judías) siempre caiga en la primavera (pues esa es la época del año en que el éxodo verdaderamente aconteció).
El calendario Judío
La Torá nos cuenta (Deuteronomio 16:1) que debemos asegurarnos de que Pesaj (pascuas judías) siempre caiga en la primavera (pues esa es la época del año en que el éxodo verdaderamente aconteció).
Hallamos también (Deuteronomio 16:13) que la festividad de Sucot (fiesta de las cabañas) debe caer en la época del año cuando la gente cosecha su grano, que es generalmente entre el final del verano y el temprano otoño.
Asimismo, sabemos que el mes judío es calculado de acuerdo al movimiento de la luna (éxodo 12:2). Pues bien, a fin de que Pesaj, Sucot y nuestras otras festividades caigan en las temporadas correctas, los cálculos tienen que ser exactos, tomando en cuenta las diferencias entre los calendarios lunar y solar. (Esa es la razón por la que tenemos años embolísmales, donde un décimo-tercer mes se agrega al año).
Esto presentaría un problema muy serio si el calendario resultara ser producto del intelecto humano. Los musulmanes, por ejemplo, establecen sus fiestas de acuerdo al calendario lunar, cada nueva luna significando el comienzo un nuevo mes.
Esto presentaría un problema muy serio si el calendario resultara ser producto del intelecto humano. Los musulmanes, por ejemplo, establecen sus fiestas de acuerdo al calendario lunar, cada nueva luna significando el comienzo un nuevo mes.
Dado que el año lunar (354 días) es, aproximadamente, once días más corto que el año solar (365 días), sus festividades caen en estaciones enteramente diferentes cada tantas décadas.
En el transcurso del tiempo, una festividad musulmana dada, caerá durante cada estación del año y luego comenzará a rotar a través de las estaciones nuevamente.
La Torá, empero, dice que Pesaj debe ser siempre en primavera y Sucot al final del verano/temprano otoño.
El mes lunar debe ser calculado con precisión y coordinado con la periódica añadidura de un mes adicional a fin de que eso suceda.
Los sabios en Midrash Sod Ha-Ibbur nos cuentan que en el momento en que Moisés fue instruido acerca del cálculo de los meses por el calendario lunar, Dios le formuló las reglas precisas de cómo calcular el nuevo mes.
Los sabios en Midrash Sod Ha-Ibbur nos cuentan que en el momento en que Moisés fue instruido acerca del cálculo de los meses por el calendario lunar, Dios le formuló las reglas precisas de cómo calcular el nuevo mes.
Estos cálculos fueron pasados de generación en generación hasta los más grandes Sabios de Israel, pero no fueron revelados a las masas.
La fecha de la nueva luna fue determinada cada mes por la declaración de testigos.
Sin embargo, después de la destrucción del Segundo Templo, los líderes de la Torá sintieron que estas enseñanzas tenían que ser trasmitidas a la multitud pues si no se olvidarían.
El Talmud registra (Tratado Rosh Hazaña 25ª) que Rabbán Gamliel declaró a la Corte Suprema poseer una tradición que se remontaba a la casa de su abuelo, sobre que la renovación de la luna tenía lugar no antes de los 29 días, 12 horas, 2/3 de hora y 73 partes.
El Talmud registra (Tratado Rosh Hazaña 25ª) que Rabbán Gamliel declaró a la Corte Suprema poseer una tradición que se remontaba a la casa de su abuelo, sobre que la renovación de la luna tenía lugar no antes de los 29 días, 12 horas, 2/3 de hora y 73 partes.
(La hora está dividida en 1080 partes – cada segundo consiste en 18 partes. Dos tercios de hora son 720 partes, más 73 partes, equivale todo a 793 partes. Por lo tanto encontramos que la luna nueva ocurre cada 29 días, 12 horas y 793 partes).
De acuerdo a esta tradición, cada 29, 530594 días la luna se renueva. Fue sólo recientemente que la NASA, presento sus cálculos computarizados del lapso entre una nueva luna y la siguiente. ¡Y sus cálculos son casi exactamente como los nuestros! (Sólo para registros, dicen que es cada 29,530588 días).
De acuerdo a esta tradición, cada 29, 530594 días la luna se renueva. Fue sólo recientemente que la NASA, presento sus cálculos computarizados del lapso entre una nueva luna y la siguiente. ¡Y sus cálculos son casi exactamente como los nuestros! (Sólo para registros, dicen que es cada 29,530588 días).
¿Cómo es posible? ¿Cómo pudo un ser humano haber arribado a tal preciso cálculo sin el beneficio de un equipo científico moderno?
La respuesta es que las tradiciones de nuestros Sabios se remontan todo el camino hasta Moisés, quien las recibió directamente de la fuente Divina.
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