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Bernardita, la humilde pastorcita de Lourdes



El 11 de febrero, fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes, nos recuerda las apariciones de la Virgen a una niña de 14 años que no sabía ni leer ni escribir, pero que rezaba todos los días el rosario, Bernardita Soubirous. Nació en Lourdes en 1844 de padres muy pobres. Por medio de ella la Virgen hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a la cual acuden peregrinos de todo el mundo para reavivar su fe y su esperanza. Muchos regresan de Lourdes curados también en su cuerpo. La Virgen, durante la segunda aparición, le dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”.

A pesar de haber sido dócil instrumento para extener la devoción a la Inmaculada, Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes, ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en su celda, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia”. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.

Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y en el que después fue admitida como novicia. 
Su entrada se demoró debido a su delicada

salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte. 

A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: “María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla”. Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879. 

Fue beatificada el año 1935 y el Papa Pío XI la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933. 
En Francia se la festeja el 18 de febrero.

Su cuerpo permanece milagrosamente incorrupto después de más de 130 años.

Marie Simon-Pierre: el milagro de Juan Pablo II


Testimonio de la religiosa curada de Parkinson
ROMA, sábado, 16 de abril de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el testimonio de Sor Marie Simon-Pierre (su nombre de bautismo es Marie-Pierre), religiosa de la Congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas, nacida en 1961 en Rumilly-en-Cambrésis, curada de Parkinson por razones científicamente inexplicables según una comisión de científicos. Este fenómeno fue reconocido como un milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II en el proceso que ha concluido con su beatificación, que tendrá lugar el próximo 1 de mayo.
* * *
En junio de 2001, me diagnosticaron la enfermedad de Parkison. 
La enfermedad había afectado a toda la parte izquierda del cuerpo, creándome graves dificultades, pues soy zurda. Después de tres años, a la fase inicial de la enfermedad, lenta pero progresiva, siguió un agravamiento de los síntomas: acentuación de los temblores, rigidez, dolores, insomnio... Desde el 2 de abril de 2005 empecé a empeorar de semana en semana, desmejoraba de día en día, no era capaz de escribir (repito que soy zurda) y si lo intentaba, lo que escribía era ininteligible. Podía conducir sólo en recorridos breves, porque la pierna izquierda se bloqueaba a veces y la rigidez habría impedido el conducir. Para llevar a cabo mi trabajo, en un hospital, empleaba además más tiempo del normal. Estaba agotada.
Después de saber el diagnóstico, me resultaba difícil ver a Juan Pablo II en la televisión. Me sentía, sin embargo, muy cercana a él en la oración y sabía que él podía entender lo que yo vivía. Admiraba también su fuerza y su valor, que mi estimulaban para no rendirme y para amar este sufrimiento, porque sin amor no tenía sentido todo esto. Puedo decir que era una lucha diaria, pero mi único deseo era vivirla con fe y en la adhesión amorosa a la voluntad del Padre.
En Pascua (2005) deseaba ver a nuestro Santo Padre en la televisión porque sabía, en mi interior, que sería la última vez. Me preparé durante toda la mañana a aquel "encuentro" sabiendo que sería muy difícil para mi, pues me haría ver cómo me encontraría yo de ahí a algún año. Me resultaba aún más duro siendo relativamente joven... Un servicio inesperado, sin embargo, me impidió verlo.
En la tarde del 2 de abril, nos reunimos toda la comunidad para participar en la vigilia de oración en la plaza de San Pedro, retransmitida en directo por la televisión francesa de la diócesis de París (KTO)... todas juntas escuchamos el anuncio del fallecimiento de Juan Pablo II; en ese momento, se me cayó el mundo encima, había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza para seguir adelante. En los días siguientes, tenía la sensación de un vacío enorme, pero también la certeza de su presencia viva.
El 13 de mayo, festividad de Nuestra Señora de Fátima, el Papa Benedicto XVI anunciaba la dispensa especial para iniciar la Causa de Beatificación de Juan Pablo II. A partir del día siguiente, las hermanas de todas las comunidades francesas y africanas empiezan a pedir mi curación por intercesión de Juan Pablo II. Rezan incesantemente hasta que les llega la noticia de la curación.
En ese período estaba de vacaciones. El 26 de mayo, terminado el tiempo de descanso, vuelvo totalmente agotada por la enfermedad. "Si crees, verás la gloria de Dios": esta frase del Evangelio de san Juan me acompañaba desde el 14 de mayo. 
El 1 de junio ya no podía más, luchaba por mantenerme de pie y caminar. El 2, por la tarde, fui a buscar a mi superiora para pedirle si podía dejar el trabajo. Ella me animó a resistir aún un poco más hasta mi vuelta de Lourdes, en agosto, y añadió: "Juan Pablo II no ha dicho aún su última palabra" (Juan Pablo II estaba seguramente allí, en aquel encuentro que transcurrió sereno y en paz). Después, la madre superiora me dio una pluma y me dijo que escribiera: "Juan Pablo II". Eran las 5 de la tarde. Con esfuerzo escribí: "Juan Pablo II". Nos quedamos en silencio ante la letra ilegible... después, la jornada continuó como de costumbre.
Al terminar la oración de la tarde, a las 9 de la noche, pasé por mi despacho antes de ir a mi habitación. Sentía el deseo de coger la pluma y escribir, algo así como si alguien en mi interior me dijese: "Coge la pluma y escribe "... eran las 9.30-9.45 de la noche. Con gran sorpresa ví que la letra era claramente legible: sin comprender nada, me acosté. Habían pasado exactamente dos meses desde la partida de Juan Pablo II a la Casa del Padre... Me desperté a las 4.30 sorprendida de haber podido dormir y de un salto me levanté de la cama: mi cuerpo ya no estaba insensible, rígido, e interiormente no era la misma.
Después, sentí una llamada interior y el fuerte impulso de ir a rezar ante el Santísimo Sacramento. Bajé al oratorio y recé ante el Santísimo. Experimenté una profunda paz y una sensación de bienestar; una experiencia demasiado grande, un misterio difícil de explicar con palabras.
Después, ante el Santísimo Sacramento, medité sobre los misterios de luz de Juan Pablo II. A las 6 de la mañana, salí para reunirme con las hermanas en la capilla para un rato de oración, al que siguió la celebración eucarística. 
Tenía que recorrer cerca de 50 metros y en aquel mismo momento me di cuenta de que, mientras caminaba, mi brazo izquierdo se movía, no permanecía inmóvil junto al cuerpo. Sentía también una ligereza y agilidad física que no sentía desde hacía tiempo. 
Durante la celebración eucarística estaba llena de alegría y de paz; era el 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Al salir de la Santa Misa, estaba segura de mi curación... mi mano no temblaba más. Fui otra vez a escribir y a mediodía dejé de tomar las medicinas.
El 7 de junio, como estaba previsto, fui al neurólogo, mi médico desde hacía cuatro años. También él quedó sorprendido al constatar la desaparición de todos los síntomas de la enfermedad, a pesar de haber interrumpido el tratamiento desde hacía cinco días. El día después, la superiora general confió a todas nuestras comunidades la acción de gracias y toda la congregación comenzó una novena en acción de gracias a Juan Pablo II.
Han pasado ya diez meses desde que interrumpí todo tipo de tratamiento. He vuelto a trabajar normalmente, no tengo dificultad para escribir y conduzco también en recorridos largos. Me parece como si hubiese renacido: una vida nueva, porque nada es igual que antes.
Hoy puedo decir que un amigo ha dejado nuestra tierra, pero está ahora mucho más cerca de mi corazón. Ha hecho crecer en mí el deseo de la adoración al Santísimo Sacramento y el amor a la Eucaristía, que ocupan un puesto prioritario en mi vida cotidiana.
Lo que el Señor me ha concedido por intercesión de Juan Pablo II es un gran misterio difícil de explicar con palabras, algo muy grande y profundo... pero nada hay imposible para Dios.
Sí, "si crees, verás la gloria de Dios".
Fuente: iesvs.org

Milagro atribuido a Benedicto XVI


Comentario: nos ha llegado de fuente confiable que ha ocurrido un milagro atribuido a Benedicto XVI (a Dios por su intermedio). La historia es algo así: una mujer alejada de la fe, comienza a recobrarla. Su marido marino es invitado al Vaticano y entonces ella aprovecha para acompañarle. Ella tiene un problema grave en la columna vertebral por el cual apenas puede moverse. Cuando se acerca Benedicto al lugar donde estaban, ella trata de tocarlo pero no puede moverse, sin embargo hace un gran esfuerzo y Benedicto también se acerca nuevamente. Al tocarlo quedó completamente sanada. ¿Podría alguien darnos más precisiones para difundir esto mejor?

¡Ojalá el mundo se diera cuenta de qué Papa tenemos!
Recemos mucho por sus intenciones: es la piedra viva sobre la cual se sostiene toda la Iglesia!!!

¡ Ave María puríssima !
iesvs.org
http://www.iesvs.org/

Regalan estampas de la Divina Misericordia




La agrupación sin fines de lucro Divina-Misericordia.org regalará, decenas de miles estampitas con la Hora de la Misericordia y la Coronilla, con motivo de la Fiesta de la Divina Misericordia, establecida por Juan Pablo II, con indulgencia plenaria para quien se confiese y comulgue el Domingo siguiente a Pascua de Resurrección (1 de mayo, día de su beatificación).

También se imprimieron decenas de miles de imágenes de Jesús Misericordioso (foto del Santuario de Cracovia) para entronizar en los hogares y negocios, especiales para misionar casa por casa, hospitales, hogares de ancianos, orfanatos, etc.

Las imágenes plastificadas de 45 cm y de 30 cm, incluyen un devocionario detrás, con la Novena a la Divina Misericordia que comienza este Viernes Santo (22/04/11) y devociones poco conocidas de Santa Faustina como la oración a San José. Es un pequeño catecismo que explica la esencia de la devoción hacia una fe plena de obras de piedad y de misericordia.

En la sección de Biblioteca de www.divina-misericordia.org  además de escritos de Juan Pablo II sobre la Divina Misericordia, se puede bajar gratis el Diario de Santa Faustina, donde por ejemplo se lee estas palabras de Jesús:
Por medio de esta imagen colmaré de gracias a las almas (570).
Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. Yo mismo la defenderé como Mi gloria (48). Estos rayos protegen a las almas... Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos… (299). Ven y toma de las Gracias de esta fuente de Misericordia con el recipiente de la confianza (1485): ese recipiente es esta imagen (327).
Deseo que esta imagen sea venerada en el mundo entero (47).

Los interesados en las imágenes gratis o en difundirlas, favor de suscribirse al grupo de devotos enviando un correo electrónico a:
y respondiendo el mensaje de confirmación

Se podrá bajar una imagen en alta definición, ideal para cuadros de grandes dimensiones que se pueden entronizar en iglesias, hospitales, colegios, etc., imprimiéndolas en cualquier laboratorio fotográfico o plotter de arquitecto o casa de diseño gráfico.

Dios providente dispuso que Juan Pablo II muriera la víspera de la Fiesta de la Misericordia para que nos hiciéramos eco de esta devoción tan querida por el Papa. Se ruega oraciones para la difusión de esta devoción, sobre todo donde más se necesita, por ejemplo en las cárceles.

Recibido de iesvs.org

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