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Más obras Literarias de Daniel Galatro

Wolf Messing: vidente polaco


La historia del increíble don de Messing comenzó casi en el mismo instante de su llegada al mundo en la pequeña localidad polaca de GoraKavaleriya, cerca de Varsovia, el 10 de septiembre de 1899.
Hijo de una paupérrima familia de agricultores, ya en la escuela se caracterizó por contar con una gran agilidad mental, gracias a la cual lograba memorizar casi instantáneamente las largas oraciones con las que se iniciaban y finalizaban las clases. Pero no solo destacó por su memoria, sino también por un carácter tan inquieto que provocó que huyera de la escuela con solo once años cogiendo un tren rumbo a Berlín. 

En aquel tiempo dos eran las ciudades que rivalizaban por convertirse en la capital cultural europea: París y la citada Berlín, donde personajes como Albert Einstein, Marcel Proust y Sigmund Freud acaparaban las conversaciones en los cafés y los centros sociales. Y allí se dirigía el joven Messing, desconociendo la gran repercusión que aquel mero trayecto de tren tendría en su futuro, pues originó la primera de las fabulosas historias que de él se han recogido. 

Porque se cuenta que, para no ser sorprendido sin billete, el niño Messing se ocultó debajo de un asiento con tan mala fortuna que el revisor le localizó enseguida y le requirió el pasaje. A medida que pasaban los segundos de espera el revisor iba enojándose más y más, hasta que el muchacho sacó un simple papel de su bolsillo y mirando fijamente al hombre le dijo que era el billete. Este lo tomó sin apartar sus ojos de los de Messing, miró el papel y lo dio como válido. Incluso preguntó al chico por qué se encontraba en el suelo poseyendo un pasaje en regla.

¿Conocía Messing sus facultades como mentalista y las aprovechó? Se desconoce, principalmente porque casi todo lo que sabemos de estos primeros años procede de las propias declaraciones que Wolf Messing realizó a los periodistas que le entrevistaron siendo ya famoso, con lo que sus críticos afirman que quizá él mismo mintiera o exagerara para engrandecer aún más su figura. Y es que no debemos olvidar que nos encontramos en las primeras décadas del siglo XX, cuando los espectáculos de magia e ilusionismo, como se decía en la época, copaban los principales escenarios europeos. 

Lejos quedaban ya los burdos, pero efectivos, trucos de personajes como John Henry Pepper, químico analítico, en cuyo show, denominado “Espectáculo de fantasmas”, provocaba la aparición de espectros en el escenario gracias a un juego de luces y espejos ocultos. Era el momento de grandes como Houdini o Daniel Dunglas Home, un escocés que lograba levitar a varios metros del suelo ante la atónita mirada de los espectadores. Y también lo era del propio Messing, quien a los 16 años, tras malvivir durante una época como faquir, desarrolló su propio espectáculo, en el que adivinaba el pasado de los presentes, así como los objetos que algunos portaban en sus bolsillos y carteras. 

Los números de Messing no eran novedosos, pero sí la perfección con la que los efectuaba, hasta el punto de que tras una de esas sesiones recibió la invitación del propio Albert Einstein para asistir a su casa en compañía de otro ilustre, Sigmund Freud.

Por aquel entonces la investigación psíquica estaba en pleno auge y las increíbles cualidades de Messing invitaban a realizar un estudio sobre ellas. Según cuenta el propio Messing en su libro "Sobre mí", Freud lo invitó a entrar en estado de trance, durante el cual debía captar una orden que el creador del psicoanálisis le enviaría mentalmente. “Aún recuerdo claramente aquella orden: ‘Ve al baño, busca unas tijeras y corta de la exuberante barba de Einstein solamente tres pelos’”, relata en su autobiografía el propio Messing. Y así lo hizo, ante la atónita mirada de sus dos invitados, especialmente de Freud, intrigado ya por entonces por los secretos de la psique humana. 

Durante los años siguientes el mentalista polaco realizó varias giras por Europa, entreteniendo a un público necesitado de alegría tras el horror de la I Guerra Mundial. Messing seguía adivinando el pasado de los presentes y era capaz de conducir vehículos con los ojos tapados, según decía, siguiendo las directrices que los espectadores le envíaban mentalmente. 

Y todo hubiera continuado igual si no fuese porque una noche de 1937, en un teatro de Varsovia, Messing realizó el siguiente vaticinio: “Hitler encontrará la muerte si decide invadir con sus tropas el Este”. ¿Fue aquella una auténtica premonición o simplemente un producto de los conocimientos sobre política del vidente? En su favor hay que argumentar que, efectivamente, Hitler invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939, y en su contra, que en 1937 ya se comentaba la posibilidad de un pacto de no agresión entre la URSS y Alemania que permitiría que Polonia fuese víctima de la codicia de ambas naciones. Sin embargo, aunque así fuera, nada hacía presagiar que la invasión supondría el final de Hitler, y mucho menos su muerte. 

Sea como fuere, el vaticinio se produjo dos años antes de la invasión y soliviantó tanto los ánimos del führer que Messing fue declarado persona non grata. Se ofreció una recompensa de 200.000 marcos, una enorme cifra para la época, a quien lo entregase vivo. Para los estudiosos de su figura, el auténtico interés de Hitler por el polaco no era ajusticiarlo, sino tenerlo prisionero para aprovecharse de sus poderes, como ya había hecho años atrás con Erik jan Hanussen, otro afamado mentalista que alternaba sus actuaciones en el teatro berlinés Scala con clases privadas de ocultismo para sus seguidores más selectos, entre los que se encontraban integrantes de la más alta jerarquía nazi. Seguramente Messing conocía aquella historia, y también el final que tuvo Hanussen, quien fue encontrado muerto en medio de un bosque tras haber sido devorado por las alimañas, por lo que decidió huir a la URSS, único país que en aquellos años podía protegerle de la ira nazi. 

Una vez allí logró el amparo de las autoridades, que le permitieron continuar con su espectáculo hasta que una noche varios agentes de la agencia secreta NKVD –precursora del KGB– solicitaron sus servicios. Por declaraciones que años más tarde realizaría su entonces ayudante en el escenario, Valentina Ivanóvskaya, era el propio Stalin quien lo llamaba a su presencia, cautivado por su fama e intrigado por la forma en la que ese hombre menudo podría ayudar a la Unión Soviética.

Tomado de la publicación:

El enigma sagrado y el Priorato de Sion



Es el best seller internacional en el que está basado gran parte del trasfondo de El Código Da Vinci. Escrito por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Licoln, y publicado por primera vez en 1982, "El enigma sagrado" está generalmente considerado la «biblia» del Priorato de Sión.

Aunque los investigadores actuales del Priorato de Sión siguen discutiendo acerca de la veracidad de la información histórica contenida en el libro, hay un acuerdo genérico de Conjunto acerca de que ha sido particularmente responsable, Para bien o para mal, de darle rienda suelta a conceptos históricos y religiosos revolucionarios que nunca antes habían sido estudiados públicamente.

Puede leerse una sinopsis bastante completa en:

Entrevista a Mircea Eliade - 1984 - Question de


Me llega, a través de la trabajada lista “Esoterismo Tradicional”, este extracto de la entrevista que el indólogo Jean Varenne hizo a Eliade en 1984, publicada en el número 56 de la revista francesa “Question de”.
Domador
http://cabalgandoaltigre.wordpress.com/2006/01/30/entrevista-a-mircea-eliade-las-raices-de-toda-cultura-son-siempre-religiosas%E2%80%9D/
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- PROFESOR ELIADE, EN PRIMER LUGAR: ¿CÓMO LLEGÓ A SER HISTORIADOR DE LAS RELIGIONES?

 Estaba interesado en la India, sobre todo por el Yoga. Tuve la suerte de trabajar con S.N. Dasgupta, en Calcuta, durante tres años. Aprendí el sánscrito con él. Luego me di cuenta de que para comprender bien el yoga era necesario estar familiarizado con la tradición hindú en su totalidad, incluyendo la historia religiosa de la India. De ahí pasé al estudio de las religiones himaláyicas y de los aborígenes, también de las modalidades yóguicas localizables en Asia Central, el Tíbet, Mongolia y Extremo Oriente. En este sentido surgió en mí el deseo de comparar ciertas técnicas del yoga con sus equivalentes, por ejemplo, taoístas. Me sentí interesado, de modo especial, en lo que considero las raíces de la cultura hindú, esa enorme síntesis donde se mezclan las aportaciones de los dravídicos y de los arios, así como de los que les han precedido.
De vuelta a Bucarest, después de tres años de estancia en Calcuta, queriendo profundizar en ese problema de los orígenes de la cultura india, establecí contacto con muchas otras culturas, de modo especial con la neolítica que, en mi opinión, permanece viva en la Europa Oriental dentro de lo que se ha dado en llamar “folklore”. Señalé en este sentido que existe una suerte de unidad en “la cultura de los agricultores”, que abarca desde Portugal hasta la China. Fue entonces cuando me apasioné por la historia general de las religiones.

- ¿DE MANERA QUE, EN SU CASO, LOS ESTUDIOS DE LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES PROPIAMENTE DICHOS SON CONSECUENCIA DE SUS PRIMEROS TRABAJOS DE INDIANISTA?

- Ciertamente. Aunque creo que es lo habitual en este ámbito. Se empieza por un problema concreto, aumentando progresivamente el campo de estudios. Claro está que no puede pretenderse conocer todas las lenguas, pero existen buenas traducciones, monografías rigurosas, sin olvidar los trabajos de otros colegas. Por otra parte, mi experiencia india me ha servido de mucho, pues fue gracias a ella como llegué a sentir la unidad fundamental de las culturas populares surgidas del neolítico. En todas estas culturas y religiones se encuentra la misma estructura: lo que he dado en llamar la religión (o la religiosidad) cósmica; es decir, que lo sagrado se manifiesta a través del sentimiento que los seres humanos tienen de los ritmos cósmicos. Fue de esta manera cómo un buen día me vi metido, sin quererlo realmente, en todas esas discusiones sobre lo sagrado, los mitos, etcétera. Evidentemente, no quiero decir que esas estructuras arcaicas -que tengo por universales- agoten el contenido de las grandes religiones; pero están en su base, en lo que puede llamarse la morfología religiosa.

- ¿CREE, PUES, QUE EL MÉTODO CONSISTE, POR DECIRLO ASÍ, EN PENETRAR EN EL MECANISMO MENTAL DE QUIENES VIVEN CIERTAS CREENCIAS?

- Sí, creo que esto es posible, a condición de preguntarse, desde el comienzo, cuál es el mito central de la religión que se quiere estudiar. Para dar un ejemplo muy simple, en el cristianismo el mito central, aquel que primero hay que estudiar, es el que tiene al Salvador como el Dios único encarnado. Todo el cristianismo se desarrolla a partir de ese mito central, que es responsable de toda la teología, de todas las manifestaciones culturales cristianas. Si se empieza a estudiar el cristianismo a partir de algunos de sus aspectos exteriores (peregrinaciones, culto de las reliquias, etcétera), se tendrá una visión muy limitada -y en mi opinión falseada- de lo que es el cristianismo en cuanto fenómeno religioso.

- EN VARIOS DE SUS LIBROS HA DICHO QUE, MUY A MENUDO, EL MITO CENTRAL ES EL DE LOS ORÍGENES.

- He señalado, en efecto, que en muchas religiones, por lo demás muy diferenciadas entre sí, el mito central era justamente el mito cosmogónico. Es éste el que, en numerosos casos, explica cuál fue el origen del hombre, de la muerte, de la sexualidad, las instituciones, etcétera. Toda mitología tiene un comienzo y un fin: al inicio, la cosmogonía, el mito de los orígenes y, al final, la escatología anunciando el retorno de los ancestros míticos o la venida del Mesías. Es pues importante ver la mitología no como una colección de mitos diversos, estructurados de tal o cual manera, sino como un corpus que tiene un principio y un fin, en suma, como una historia sagrada.

- LA EXPRESIÓN “MITO CENTRAL” A PROPÓSITO DEL CRISTIANISMO, ¿NO SUPONE IR EN EL SENTIDO DE CIERTA CORRIENTE DE LA TEOLOGÍA MÁS MODERNA?

- Nada de eso. Cuando hablo del mito, utilizo un vocabulario que es también el de los antropólogos: el mito es tomado como verdad absoluta, revelada podríamos decir. Los seguidores de tal o cual religión os dirán que el mito cosmogónico es verdad, ya que el mundo existe; el mito del origen de la muerte es “verdadero” ya que el hombre es un ser mortal. El mito tiene, pues, un valor dogmático: dice lo que ha sucedido realmente, cuenta cómo algo ha venido a la existencia, sea el mundo, el hombre, una especie animal, una institución social, etcétera. Así pues, cuando hablo de un mito central en el cristianismo, me refiero a lo que es esencial en esta religión, a lo que para ella es verdadero y significativo. Hablando en griego, se trata del logos (verbo) y no del mythos (mito), pues éste es fábula, mentira, ilusión. Existe ahí una ambivalencia de la terminología que es muy dañina. En mis libros tengo siempre cuidado en recordar la ambivalencia del término “mito”: mientras que en las sociedades arcaicas el mito expresa la verdad por excelencia -ya que habla de realidades- en el lenguaje corriente esta palabra designa una ficción, tal como lo proclamaron los griegos hace veinticinco siglos.

- AL REFERIRSE A CIERTOS FENÓMENOS NO PUEDE EVITARSE UTILIZAR LA EXPRESIÓN, POR LO DEMÁS ALGO VAGA, DE “SAGRADO”.

- En efecto, es una lástima que no dispongamos en este terreno de un vocabulario más rico, pues el término “sagrado” ostenta una larga trayectoria, aunque algo limitada, en el campo de la cultura. Uno se pregunta si puede aplicarse indiscriminadamente a ámbitos tan diversos como los del antiguo Oriente, el Cristianismo, el Judaísmo, el Islam, el Hinduismo o el Buddhismo, sin mencionar a los pueblos llamados “primitivos”. Aunque, sin duda, es demasiado tarde para buscar otra palabra. Del mismo modo, el término “religión” puede ser también útil, a condición de convenir la posibilidad de que no implique necesariamente la creencia en Dios, en los dioses o los espíritus, sino que se refiera a la experiencia de lo sagrado (…). La conciencia de la existencia de un mundo real y significativo está íntimamente ligada al descubrimiento de lo sacro. Mediante la experiencia de lo sagrado, el espíritu humano ha captado la diferencia entre lo que se revela como real, poderoso, rico y significativo, y lo que está desprovisto de tales cualidades, es decir, el flujo caótico y peligroso de las cosas, sus apariciones y desapariciones fortuitas y privadas de sentido. Quiero decir con esto que lo sagrado es un elemento en la estructura de la consciencia, y no un estadio en la historia de esa consciencia.

- ¿PODRÍA PREGUNTARSE PARA QUÉ SIRVE LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES?

- Tengo la convicción de que, más que cualquier otra disciplina, la historia de las religiones prepara a nuestros contemporáneos para convertirse en “ciudadanos del mundo”. A través de la comprensión de las experiencias, expresiones y simbolismos arcaicos, se produce un extraordinario enriquecimiento de la consciencia de quien adquiere esa comprensión. Al captar los significados, se opera una superación de cualquier tipo de provincialismo cultural, sea este occidental, chino o africano. Se aprende a conocer un número insospechado de situaciones humanas diferentes. Creo, además, que la historia de las religiones es la única disciplina que conduce a un optimismo fundamental. Se comprueba cómo el ser humano ha sabido valorizar todos los niveles de la experiencia otorgándoles un significado. En suma, el historiador de las religiones, por el hecho de no ser especialista de una sola cultura, comprende mejor a las otras culturas; pues las raíces de toda cultura son siempre religiosas.

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**Visita: http://danielanibalgalatroescritor.blogspot.com.

Quién fue Heinrich Schliemann


Heinrich Schliemann

Arqueólogo alemán que descubrió las civilizaciones prehistóricas griegas (Neubukow, Mecklemburgo, 1822 - Nápoles, 1890). No tuvo estudios y pasó su infancia y juventud trabajando en los oficios más diversos. Pero, como agente de una casa de comercio, aprendió hasta ocho idiomas y acumuló una discreta fortuna.

Convencido desde niño de la veracidad histórica de los poemas de Homero, se retiró de los negocios con sólo 36 años para consagrarse a la búsqueda de las ruinas de Troya. Estudió arqueología en París y recorrió medio mundo para documentarse; y, por fin, en 1868, se trasladó a Grecia y Asia Menor para excavar.

Enfrentándose a las teorías establecidas sobre la ubicación de Troya, localizó la ciudad en Hisarlik (Imperio Otomano) y la desenterró en 1873-74 con la única ayuda de su esposa Sofía, una estudiante griega con la que se había casado a través de una agencia matrimonial; en realidad, excavaron tan profundamente que desenterraron una ciudad de la Edad del Bronce anterior a la Troya homérica.

Tras sostener un pleito con el gobierno turco en torno a la propiedad de las joyas que había descubierto, realizó nuevas excavaciones en Micenas (1876-78) y Troya (1882-83 y 1888-90), ahora ya asistido por especialistas de prestigio. Durante esas excavaciones comenzaron a formarse los métodos de la arqueología de campo moderna; al mismo tiempo, las libros y artículos de Schliemann transmitieron al gran público la emoción que sentía por la arqueología, contribuyendo a popularizar esta rama del saber. Sus publicaciones pusieron de manifiesto la riqueza de las civilizaciones de la Grecia prehistórica, como la micénica o la de Hisarlik; ncluso intuyó la existencia de la civilización minoica, todavía desconocida por aquel entonces.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/schliemann.htm
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**Visita: http://danielanibalgalatroescritor.blogspot.com.

"El viaje del héroe" - monografía


"MITO Y TRADICIÓN SAGRADA EN EL MUNDO ACTUAL"

Vivimos actualmente la era "tecno"; un mundo regido por la tecnología y el cientificismo que no la ciencia. Ello ha implicado una des-mitologización de y en nuestras vidas.

En otro trabajo ya apuntábamos a una aproximación hacia una posible definición del concepto de mito, refiriendo a que el mismo da cuenta de una historia verdadera, sucedida en un tiempo primordial (in illo tempore) y que hace referencia a una creación, en el sentido de la primera vez en que algo sucede o acontece (ya sea en el universo, el ser humano, un animal, una planta, un comportamiento, etc.).

Pero en estos momentos, ya hace tiempo que los mitos han dejado de ser considerados con seriedad y han sido asumidos como meras fábulas o leyendas.

El problema radica, creo a mi personal entender, que se ha procedido a realizar una lectura literal de los mismos sin prestar atención a la infinita profundidad y riqueza de un símbolo.

Desgraciadamente, muchos pueblos, a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo, al literalizar y por ende, congelar la posible interpretación de un mito, han procedido a la concepción e instauración de creencias dogmáticas de carácter inamovible e indiscutible.

Por ejemplo, si Dios creó el mundo en siete días, ello ha de significar que realmente fue creado en una semana y que si la Tierra es el centro del universo, tiene dos posibilidades, creer que ello es cierto o la hoguera. Además, fue Cristo quien murió asesinado y posteriormente resucitó de entre los muertos, pero olvidamos que antes que él ya hubieron otros que lo precedieron en tamaña hazaña: Osiris en Egipto; Tammuz en Mesopotamia; Adonis en Siria; y Dionisos en Grecia entre otros.

Y es cierto que hoy día nadie puede tomar nada de ello como cierto. Pero el simbolismo en dichos mitos implicado es vasto, lo que denota la presencia de muchos niveles de posibles "lecturas".

Los viejos tabúes de nuestros ancestros han caído desestabilizados por el discernimiento sabiamente aportado por la ciencia. A lo que debemos abocarnos entonces es a la génesis de una nueva mitología. Los temas aportados por esta disciplina han sido constantes y universales, pero deben ser re-adecuados a los tiempos que estamos viviendo.

Un punto de partida podría ser el considerarlos como verdaderas imágenes o mensajes existenciales provenientes de las profundidades ignotas de nuestro ser. El mito sería así entendido, una particular manera de dar expresión a nuestro in-consciente, con sus aspectos oscuros y luminosos; sus limitaciones y sus potencialidades.

Lo que necesitamos hoy día son no solamente mitos nuevos sino una re-lectura de carácter "crítico" de los viejos mitos.

Una lectura a-crítica es la que da y ha dado lugar a los dogmatismos, a los imperialismos religiosos, a la quema de brujas y a las limpiezas étnicas de los "elegidos" exterminando a los "herejes" y también es la que ha creado en la civilización occidental la idea de "pecado".

Pero este tipo acrítico de interpretar los mitos es propia de un estadio evolutivo de la humanidad, correspondiente a una visión del mundo mítica y etnocéntrica. En ese nivel el mito no es interpretado "como si", sino que "es". Nosotros lo que ahora proponemos es la utilización de ellos como un modelo o herramienta de auto-descubrimiento.

A título de ejemplo, consideremos el mito bíblico de la expulsión del Jardín del Edén. Ya es por todos conocida la historia de cómo fueron expulsados nuestros "padres originales" por haber comido del fruto de uno de los dos árboles allí existentes, la manzana del árbol del bien y del mal (el otro árbol confería la vida eterna).

Procedamos a realizar una lectura crítica de este mito –considerando que es tan solo una de las posibles lecturas- y pensemos no en un escenario geográfico sino en un paisaje psíquico (en el sentido etimológico del término). De acuerdo a ello el Jardín del Edén se encontraría en nuestro interior y el motivo de la expulsión se debería a la instalación en nuestra conciencia de fronteras dualistas: bien y mal; blanco y negro; macho y hembra; etc., siendo la demarcación primaria aquella que establecemos mediante la distinción entre yo y no-yo.

A partir de ahí creamos el Paraíso y el Infierno como polos opuestos e irreconciliables y sólo podemos acceder al primero si logramos expulsar todo "mal".

Pero que si decimos que lo que en realidad nos mantiene alejados de tan magno jardín somos nosotros mismos, al considerar que los opuestos dan cuenta de fronteras limitantes y limitadoras. Qué si empezamos a comprender que las fronteras son ilusorias, no reales. Como sabiamente dijera Fénelon: "No hay ilusión más peligrosa que las fantasías mediante las cuales la gente procura evitar la ilusión".

De ser así, al ir en busca de esa demarcación primaria jamás la encontraríamos, pues es ilusoria, no existente.

Como han señalado ya Korzybski y el resto de los semánticos, las palabras, símbolos, pensamientos, ideas, etc. simplemente son mapas que reflejan la realidad, pero no son la realidad misma, pues el mapa no es el territorio.

De esta manera arribamos a lo que Nicolás de Cusa llamaba "coincidentia oppositorum" y así lo que considerábamos opuestos separados e irreconciliables, resultan ser en verdad, aspectos complementarios de una y la misma realidad. Como dijera el gran poeta alemán Rainer María Rilke: "Tengo miedo de que si mis demonios me abandonan, mis ángeles lo hagan también".

Así entendido el mito, nadie nos expulsó del Jardín del Edén, sino que en cierta manera nos auto-expulsamos al confundir el mapa con el territorio, al convertir a una simple línea demarcatoria en una frontera.

Aunque también podríamos entender, amen de otras posibles "lecturas" la crucifixión de Cristo y su posterior resurrección como el abandono del mundo de los apegos y el posterior re-conocimiento de nuestra conciencia inmortal.

Si logramos, como hemos intentado de-mostrar, que los mitos son pasibles de diferentes modalidades de interpretación, a ello debemos añadir en forma concomitante el considerar y comprender la necesidad de generar nuevos mitos que se adecuen a las épocas en curso.

Vivimos en un mundo de horizontes cada vez más amplios y nuevos, donde con vertiginoso frenesí lo des-conocido se convierte en conocimiento antiguo.

Dios, como lo entendían nuestros ancestros, se ha convertido en un "deus otiosus". En su lugar ha quedado un vacío nihilista, donde cada cual hace lo suyo según lo que mejor pueda. Hoy día asistimos a una crisis de significado resuelto en el mejor de los casos con Prozac, con vandalismo, o con evangelismos.

Por ello, además de nuevas-viejas mitologías, debemos generar nuevos ritos de iniciación que tengan en cuenta y sean acordes a la era tecno-científica e informatizada que nos encontramos viviendo. Como hemos afirmado en otra monografía, al referirnos a la "Philosophia Perennis", la Verdad es una, pero sus manifestaciones son muchas y variadas, siendo necesaria una re-actualización teniendo en cuenta el modelo sociocultural y tecnoeconómico en el cual nos encontremos insertos como partes co-constitutivas y co-creadoras.

Creemos sumamente oportuno dar cuenta de qué entendemos por ritos de iniciación. Como dice Mircea Eliade: "En su sentido más general, la palabra "iniciación" significa una serie de ritos y de enseñanzas orales, cuyo propósito es provocar una modificación radical del estatus religioso y social de la persona que la recibe. En términos filosóficos, iniciación equivale a una mutación ontológica de la condición existencial. El novicio emerge de sus duras pruebas como un ser totalmente diferente: se ha convertido en otro" (1)(la cursiva es del autor)

Así entendidos, estos ritos iniciáticos permiten el pasaje y la transformación del niño en adolescente y de adolescente en hombre o mujer. Pero esto en cuanto hace a su marco estructural o paradigmático; el contenido en sí debe ser re-adecuado atendiendo a –como ya lo manifestamos- la realidad en que nos toque vivir.

Además, en nuestros días, existe otro tipo de iniciación, de carácter dinámica, permanente y trans-mutadora que es la proveniente de nuestra exploración interior; de la posibilidad de emprender un camino de introspección psicológica al tiempo que de desarrollo y evolución espiritual.

Para concluir, reafirmamos nuestra comprensión de que los mitos no son el territorio, sino tan sólo mapas de la realidad y que los ritos de iniciación o de pasaje son puertas y oportunidades, no la seguridad de una transformación.

Ello pretende profundizar en cuanto a la consideración de modelos emergentes con el nacer de este nuevo milenio y tendientes a generar una verdadera revolución transformativa a nivel personal, social y universal.

BIBLIOGRAFIA CITADA
ELIADE, M.: "La búsqueda" – Ed. Kairós – 1999, pág. 152

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
PANIKER, S.: "Aproximación al origen" – Ed. Kairós – 1989
WILBER, K.: "Un Dios sociable" – Ed. Kairós – 1988
WILBER, K.: "La conciencia sin fronteras" – Ed. Kairós – 1989
WILBER, K.: "Después del Edén" – Ed. Kairós – 1995
WILBER, Ken: "Los tres ojos del conocimiento" – Ed. Kairós – 1991
WILBER, Ken: "Breve historia de todas las cosas" – Ed. Kairós – 1991
WILBER, Ken: "El ojo del espíritu" – Ed. Kairós – 1991

Lic. Germán H. PASTORINI
Licenciado en Psicología
Montevideo-Uruguay

Ver otras notas del autor en:
Místicos vs. Psicóticos
Mito, sueño y trascendencia
en
http://www.monografias.com/trabajos15/viaje-del-heroe/viaje-del-heroe.shtml?utm_source=Newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=31-oct-12

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