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Eclipse de Luna del 15 de abril de 2014 - por Daniel Galatro


Un éxito, verdaderamente. Tal como fuera anunciado por los "hombres sabios" que rastrean el Universo desde hace siglos para develar sus misterios, la Luna que se exhibía maravillosa en todo su esplendor reflejando la luz que le enviaba el Sol fue poco a poco cubierta por las sombras que nuestro planeta Tierra proyectaba sobre ella.


Me levanté a las 2 y media de una madrugada que sospechaba iba a ser "diferente". No recordaba haber visto alguna vez un eclipse total de Luna y se me hacía que quizá podría no estar presente en el próximo. Es que las personas de la tercera edad tenemos un fantasma que nos acosa aunque intentemos ahuyentarlo: ¿será nuestro último cumpleaños? ¿podremos ver el nacimiento de otro nieto más?. En fin, que las dudas naturales de todo ser humano que anda transitando ese período de la vida hacían que fuera una madrugada "diferente".


Miraba a través de la única ventana por la que podría ver la Luna. Eso creía. Porque unas nubes circulaban hacia el sudeste y la ocultan durante largos ratos. 


No acostumbro decir "malas palabras" aunque no puedo evitar pensarlas en situaciones como ésta. Y, para colmo de males, el camino de la Luna la llevó a pasar por encima de la casa y, pese a mis búsquedas orientadas hacia el norte, el ángulo que me dejaba otear a través de esa ventana era cada vez más crítico hasta que solamente me quedaba salir a la calle, cosa que no hice.


Debí haber sido más valiente y llegarme hasta el Melipal, más exactamente a la Plaza del Cielo, en la que seguramente Néstor había desplegado un arsenal de recursos para observar el fenómeno del eclipse como se debía. Pero no me dio el cuero y venía muy cansado de mis actividades de esos días. Preferí encontrar alguna solución más cómoda y moderna.


Tenía el televisor y la PC a la distancia óptima que podía recorrer sin sufrimientos. Y TN había realizado un esfuerzo notable para recoger imágenes del evento para informar a sus televidentes. No podía tomar fotografías de la Luna "en vivo" pero podría registrarlas copiando las que se veían en las pantallas. Seguramente iban a ser mucho mejores.


Hice una última foto hacia la ventana y apareció esta imagen extraña en la que, no puedo explicar cómo, se mezclaron las luces de la Avenida Ameghino con una Luna roja que, por supuesto, todavía no estaba a la vista porque era muy temprano. Quedó este mix visual que cada vez que lo miro me gusta más. ¿De dónde provenía la imagen de esa Luna? Quizá se reflejaba del televisor o quizá llegaba de otras dimensiones. No lo sé, pero quedó interesante.


De la mano de mi amigo Google encontré una página en la que se mostraban imágenes "LIVE" del hemisferio Norte, aunque era pleno día y el Sol saludaba desde el cielo boreal. Desde aquí podría ver el eclipse lunar gracias a un observatorio astronómico situado en el Monte Prescott. La sombra iría creciendo de izquierda a derecha.


Los muchachos de TN habían dispuesto un par de telescopios propios sobre su edificio y usarían el del Planetario para mostrar el eclipse lunar desde el hemisferio Sur, donde la sombra iría creciendo de derecha a izquierda. Faltaban 9 minutos para que la Luna estuviera totalmente oculta. Al menos eso escribieron en la pantalla: 0.00.09.37.



En el Monte Prescott había un par de técnicos que iban narrando lo que sucedía. La Luna había comenzado a oscurecerse "a la izquierda de su pantalla, señora".



Supongo que, a ojo desnudo, los del hemisferio Norte verían poco y nada el eclipse. Una "sweet revenge" (como es llamado un perfume famoso) frente a las múltiples cosas buenas que ellos suelen recibir mientras a nosotros, los del hemisferio Sur solamente nos tocan las partes malas de las películas. 


Y como algo tenían que vender aprovechando el eclipse, los de Sloop ofrecían un regalito de "binoculares gratis" a los que se hicieran suscriptores de esa página web, lo que no era gratis.


Por aquí, en el "far south", TN era el único, creo, que seguía las alternativas on-line del fantástico evento. A esta altura de la transmisión, faltaban solamente 3 minutos y medio para que la fase total comenzara. Parece que un suceso así no merecía "cadena nacional" y todos los interesados debimos buscar por la grilla hasta encontrar esta fuente de información. De paso, TN aprovechaba las pausas publicitarias para recuperar algo de la inversión económica realizada y, además, brindaba anécdotas, leyendas, etc. relacionadas con el eclipse total de luna, lo que hacía más tolerable la espera. Ni el Sol, ni la Luna ni la Tierra iban a cambiar el ritmo de sus movimientos porque nosotros nos hemos acostumbrado a la inmediatez. Se tomarían su tiempo, el mismo que se han venido tomando durante los últimos millones de años, para realizar este ballet hermoso que pondría la Luna en una sombra que la influencia de la atmósfera de nuestro planeta haría colorear de rojo.


En el Monte Prescott, todo tranquilo. El Sol esplendoroso molestando a los espectadores para que no pudieran tener el gusto de observar el eclipse de Luna. Y, a la izquierda, un par de ingredientes que ayudarían a unos cuantos a asegurar que naves espaciales se habían aproximado para espiar el fenómeno. Luego alguien aclararía que esos débiles puntos luminosos tenían otra explicación pero no se iban a perder la oportunidad de mencionar a los "alienígenas" en un suceso astronómico. 



Los espectadores en sus sitios, los árbitros y los equipos en la cancha, y el relator anunciando que faltaban apenas unos segundos para que la fase total del eclipse comenzara. Un evento astronómico así no se suspende por lluvia, ni por paros, ni por nada. Ya Colón lo sabía y lo usó para asustar a los originarios de su época. Pero no era porque los originarios no hubieran visto antes cosas así, sino porque Cristóbal tenía "la justa": un almanaque que detallaba esos fenómenos y les dijo que "mañana la luna se pondría roja" porque ellos no querían traerle suministros. Y se asustaron y le trajeron los suministros. ¡Éste Colón...!".


¡No cambie de canal! ¡En 13 segundos se larga la última fase de oscurecimiento!


Y lo viera desde donde lo viera, a ojo desnudo o con telescopio, desde la Tierra ya se disfrutaba cómo las sombras avanzaban sobre la Luna. Parecía más lento ese fenómeno porque la parte del satélite no cubierta por la sombra reflejaba todavía luz y habría que esperar que mayor porcentaje de la Luna se oscureciera. 



Eran poco más de las 3 y cuarto de esa mañana que, sin dudas, era "especial". Había valido la pena esperar tanto tiempo, había valido la pena la vigilia. La Luna iba perdiendo presencia en el cielo, desaparecía de nuestra vista, cumplía con el mandato tácito de protagonizar una vez más este espectáculo maravilloso. Ningún productor humano podría lograr algo así. Nunca habría suficiente dinero para montarlo.


Ya la sombra parecía cubrir la mitad de la Luna. En realidad, por lo del reflejo de la parte aún no oculta, había una zona de penumbra que disminuía el efecto, pero todo iba bien. La gente reunida cerca del Planetario de Buenos Aires aplaudía, lloraba, se reía, silbaba.... Era algo para disfrutar, y lo disfrutaba. Permitía asomarse a una realidad mucho más significativa que los temas cotidianos. Pero también movía a reflexionar sobre esos mismos temas y darse cuenta de que, para el Universo, como Mafalda alguna vez dijera, esos asuntos eran nimios, insignificantes, intrascendentes. Cosas de los seres humanos, un genéro de animálculos que había prosperado en el planeta Tierra con un mal uso notorio de algunas de sus facultades, tan mal utilizadas que los hacían creer que eran dueños del planeta y con posibilidades de seguir apoderándose de elementos tales como la Luna, otros planetas, etc. En fin, esos seres humanos solamente podían esta noche mirar hacia arriba y ver que todo funcionaba según un plan sobre el que tenían nula influencia. Sólo podían observar y, dentro de sus limitaciones, reflexionar. 


Con menor interferencia de su propio brillo, la Luna dejaba ver su superficie irregular, esos cráteres que tanto habían asombrado a los astrónomos primitivos, quienes nunca supusieron que otros hombres, siglos después, caminarían sobre ellos.


La Luna seguía desapareciendo, o al menos desaparecía poco a poco como fuente reflejada de la luz solar. ¿Dónde estaba el Sol? Iluminando con toda su potencia el hemisferio Norte. 


En Internet millones estaban "hirviendo" con el tema del eclipse. Estas cosas no suceden con frecuencia, y los internautas que manejan "businesses" buscaban la forma de vender lo más posible durante las dos horas "pico" de transmisión del fenómeno que ocurría "en vivo y en directo". Buena oportunidad para vender objetos y para vender ideas. No había que desaprovechar un eclipse total de Luna.


El fenómeno avanzaba hacia su clímax. Cuando la Luna estuviese totalmente en sombras, su brillo llegaría a la Tierra atravesando los más de 500 kilómetros de atmósfera y eso haría que perdiera sus componentes dejando solamente el rojo. Entonces, ¡la Luna se vería roja! Como bañada en sangre, y es por eso que el color rojo conmueve a los humanos. Es que cuando algo aparece emitiendo esa longitud de onda nos recuerda nuestra propia sangre, que está como debe cuando no la vemos, cuando se limita a circular por el interior de nuestro cuerpo cumpliendo su trascendente función vital. Pero cuando la hemoglobina se sale de nosotros y se muestra a la vista es porque algo anda mal. Y si para los antiguos eso era así, que lo era, entonces la Luna se bañaba de rojo durante el eclipse porque estaba herida, o estaba enojada o mostraba su ira contra los humanos por sus malas acciones. Eso era terrible. Que la Luna se viera ensangrentada presagiaba sucesos horripilantes. ¿Y en pocos minutos más, la veríamos así?



Desde el hemisferio Norte nos llegaban imágenes menos nítidas pero que también permitían ver un borde anaranjado marcando un límite algo borroso entre la luz y la oscuridad.


Desde Buenos Aires nos confirmaba TN que la Luna empezaba a verse roja. Eran las 3.42 y el fenómeno continuaba avanzando. Y los que la estaban observando desde la ventana de su casa, a ojo desnudo, lo confirmaban a través de sus emails, sus mensajes en facebook, sus tweets. Pero te dejo disfrutar de las siguientes imágenes porque ya nuestra capacidad expresiva se ha ido eclipsando junto con la Luna. Y unas buenas imágenes resultan más valiosas. 

















Y luego vendría el previsible retorno a la normalidad, algo así como repasar las fotografías "de atrás hacia adelante", desde el final hasta el comienzo. Realmente conmovidos, aún los que se dicen más duros, por el espectáculo que este rinconcito del Universo acababa de brindar. Por haber compartido con miles de millones de personas este obsequio no pedido pero quizá agradecido por muchos de ellos.


Algunos de esos seres humanos, seguramente no pocos, hemos observado la Luna enrojecida como un mensaje, un augurio, una señal. Y muchos de nosotros sentimos la necesidad de expresar algo de eso que sentimos para dejar alguna huella en nuestra pequeña historia personal que pueda ser compartida por nuestros amigos que, en este caso, también participaron en mayor o menos medida. 

La mañana irrumpió en Esquel como si el Sol nos dijera que no había pasado nada significativo, que otro día estaba en curso, que cuando él es quien experimenta un eclipse total es muchísimo más espectacular. Y que por eso pocos decían más de unas palabras acerca del fenómeno que habían presenciado. Pero estaba equivocado. Había pocas palabras porque había muchas sensaciones. Eso nos ocurre a los humanos cuando algo nos impacta más de lo acostumbrado, de lo usual, de lo cotidiano.

Yo quise escribirte este relato informal para intentar hacerte sentir que habías estado cerca mío durante esas dos horas de la mañana del 15 de abril del año 2014. Y para sentir yo mismo que te había tenido cerca. Porque cuando algo así ocurre, es bueno compartirlo. Si lo creemos bueno, juntos lo disfrutaremos más. Si lo creemos malo, juntos lo soportaremos mejor.

Gracias por acompañarme.
Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina
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