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¿Quién era Lázaro de Betania?


La primera y principal fuente de información que tenemos de Lázaro es el Evangelio.
Vive en Betania a corta distancia de Jerusalén, en lo que a mí me gusta llamar una zona residencial. Su casa es también la casa de Marta y de María sus hermanas. Y hasta da la sensación por el relato evangélico que no es él quien lleva la voz cantante en la mansión. Parece que es Marta la que maneja el cotarro diario.

Alguien ha atribuido a la mala salud de Lázaro este hecho ciertamente poco frecuente en una sociedad en la que la mujer pintaba poco o, al menos, no tenía mucho que decir. Tampoco quiero afirmar que esta suposición esté avalada por el relato, ya que bien podría suceder que la diferencia de edades entre ellos fuera un dato a favor de la preeminencia de Marta que quizá debió hacerse cargo de la casa a la muerte de sus padres de quienes, por otra parte, no tenemos ni la más mínima referencia.

El caso es que Jesucristo visitaba con frecuencia esa casa bien cuando pasaba de un lado a otro en sus andanzas apostólicas o cuando necesitaba un refugio de reposo para dar descanso a su cuerpo cansado. Allí se encontraba a gusto. Era una familia encantadora. Con ellos no había secretos. Esperaban la llegada de la Salvación que Dios había prometido desde antiguo y que sospechaban inminente. Reinaba la confianza y lo mismo que abrigaban a Jesús peregrino se hacían merecedores de la entrega de Jesús.




Un día enfermó Lázaro, no hubo remedio entre los que suelen aplicarse que solucionara su mal y murió. Por más que enviaron recado a Jesús, Él llegó a Betania cuando ya llevaba cuatro días enterrado. Acompañado de las hermanas, rodeado de sus discípulos, contemplado por los apesadumbrados amigos que acompañaban a las hermanas aliviando su dolor, ante el sepulcro sucede un hecho espectacular: Jesús se emociona profundamente y llora sin tapujos por el amigo muerto. Reza y da una voz imperiosa: "¡Lázaro, sal fuera!", y el muerto de cuatro días que ya estaba hediondo sale del sepulcro; así, vive.  
Luego suceden las cosas con rapidez. Los jefes del pueblo que ya tenían entre ojos a Jesús, al comprobar que es imposible ocultar lo evidente, que la gente —entre curiosa y asombrada— se desplaza a Betania para ver vivo al que habían enterrado bien muerto días atrás, que las voces son un continuo transmisor imparable del hecho y que les dejan solos, deciden acelerar la muerte de Jesús e incluyen a Lázaro en sus planes de exterminio.
 
San Lázaro es recordado por los feligreses católicos cada 29 de Julio.


Fuente: Archidiócesis de Madrid

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¿Crees en los que adivinan el futuro?

¿Se puede adivinar el porvenir?

Resumen por:galatro
En lo que el tiempo transcurrido ha convertido en una referencia importante acerca de las artes adivinatorias, esto es, la publicación española de MC Ediciones Más Allá, Isabela Herranz realiza una notable aproximación a este tema. Y lo hace desde ángulos poco tratados en trabajos similares.
Comienza analizando las razones por las que la mayoría de las personas consulta directa o indirectamente a un adivino o “clarividente”. Y menciona dos aspectos básicos: la diversidad y la profundidad de tales razones.
Miedo, deseo y esperanza son considerados como factores causales por el antropólogo Basil Iván Rakoki, citado textualmente en la nota, acotando la autora que siempre la base es psicológica y su origen se remonta a tiempos muy pretéritos.
Es interesante la mención que realiza sobre la vaguedad de las predicciones que el supuesto adivino realiza a quien lo consulta y destaca el hecho de que, aunque los pronósticos no se cumplan, la sola consulta constituye un paliativo para la ansiedad del mismo.
Pero entonces, si no se basa en la veracidad ni en la infalibilidad, ¿por qué la gente común suele creer en lo que estas personas auguran?
Siguiendo a Robert Todd Carroll, la autora menciona tres motivos principales: una aparente exactitud en sus expresiones, lo asombroso de sus predicciones y la imposibilidad de que si esos sucesos llegaran a suceder sería solamente por simple coincidencia.
La nota destaca especialmente el llamado “Efecto Forer”, que debe su nombre al de un psicólogo. Este profesional descubrió que los individuos tienden a aceptar “descripciones personales vagas y generales” como perfectamente aplicables a sí mismos. “Me dijo exactamente cómo era yo”, me permito sintetizar como frase que la mayor parte relata luego como su primera impresión sobre el adivino consultado.
Sin embargo, Isabela Herranz no descalifica a todos los que predicen el futuro. Acepta que en numerosas ocasiones puede visualizarse algo aún no ocurrido, pero esto es siempre resultado de un acto inconsciente. Quien desea ver más allá debe, según es citada Úrsula von Mangold, sumergirse en un estado de conciencia más profundo que el de la realidad inmediata. Concluye así que no se trata de un necesario engaño ni los pronósticos son siempre desacertados.
Finalmente se pregunta y pregunta al lector, lo que constituye un buen cierre para su investigación: “¿quién puede saber si la esperanza dada y la verdad revelada por los adivinos no superan sus falsedades y fracasos?”

¿Se puede adivinar el porvenir? Publicado originalmente en Shvoong: http://es.shvoong.com/social-sciences/psychology/1924365-se-puede-adivinar-el-porvenir/