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Otro Génesis posible: London. Queen's. Bridge.



- London. Queen’s. Bridge. – leí.

- ¿Qué? – Olga me miraba extrañada. - ¿Qué dice?

- Londres. De la Reina. Puente – traduje.

- ¿Y eso qué significa? – preguntó.

- No sé. Habrá que buscar una relación entre las tres palabras. – propuse. – Al menos no me dicen que me deje de seguir metiendo en lo que no me importa. Ahora estamos todos juntos.

- Todos… ¿quiénes? – Su cerebro funcionaba a toda velocidad. – Vos, los zetareticulianos, ¿y quién más?

- También vos, León, Federico... hasta Darwin. Sabiéndolo o no, todos estamos en la misma bolsa. – saqué como primera conclusión. - ¿Te asusta?

- No mucho. Desde que vivimos juntos sé que pueden pasarme las cosas más locas. – Ahora sonreía. – Además, ya estamos viejitos. – Siempre insistía con eso. – No tenemos mucho para perder.

Omití responderle. Estaba muy ocupado con las tres palabras de la nota. ¿Cómo podría relacionarlas?

- ¿Y? – me preguntó.
- No encuentro demasiada relación… o sí. Londres es la ciudad donde está sepultado Darwin. Queen’s no sé qué es pero debe tener que ver con Inglaterra, obviamente. Y en Londres hay puentes por todas partes, especialmente cruzando el Támesis. – deduje sin mucha convicción.

- Dejame a mí. – propuso. – Busco en Internet sobre los tres asuntos, guardo lo que encuentre y después vos sacás las conclusiones tranquilamente.

¿Tranquilamente? ¿Cómo iba a estar calmado con estas novedades? Porque no es verdad que mi madre se olvidó de ponerme nervios. Siempre trato de controlarlos lo mejor posible pero esta vez me estaba costando más que de costumbre, bastante más.

Olga estuvo varias horas sentada frente a la computadora mientras yo aprovechaba para dormir un poco. Me sentía muy cansado. Durante los momentos previos a conciliar el sueño traté de no pensar en nada de lo mucho sucedido, evitando así soñarlo luego.

Al despertar volví a la oficina. Mi esposa parecía satisfecha con lo que había encontrado.

- Aquí te dejé guardados todos los archivos que seleccioné. – me dijo. – Encontré demasiados pero elegí los que me parecieron importantes, aunque mucho no los entendí porque casi todos estaban en inglés.

- Andá a dormir un rato – le recomendé. - Ya los reviso.


Trataba de poner mi mente en calma, alcanzar el estado de relajación adecuado para poder establecer buenas relaciones lógicas entre esas tres palabras. “London. Queen’s. Bridge.” 

***

Los zetarreticulianos me comenzaban a mostrar un camino para mi investigación. Sin duda, las respuestas estaban en Londres, la patria de Darwin.

Eso era lo mismo que decirme que yo no era el más indicado para continuar, porque Londres estaba en la vieja Europa, tan lejos de mis posibilidades como si debiera ir a la estrella de origen de los que dejaron el mensaje.

Aunque, como verás en la novela, la ficción hizo realidad lo que para la realidad parecía imposible.

"Otro Génesis posible" te está esperando para que la acerques a tu vida y la disfrutes. Espero que me consultes cómo conseguirla en formato ebook aprovechando las ventajas de la tecnología de estos días. Consúltame a danielgalatro@gmail.com o utilizando el formulario de contacto que encontrarás en este blog.

Gracias por tu interés.

Prof. Daniel Aníbal Galatro



Otro Génesis posible: ¿Darwin plagiario?



No había pasado una semana desde mi visita al Museo cuando recibí el primer correo electrónico de mi nuevo amigo en México. Me enviaba sus saludos, había llegado bien, se había puesto a leer mucho acerca de Darwin y sus investigaciones, y había encontrado al profesor que sabía realmente sobre el tema. Me adjuntaba un resumen de su conversación con él.

“Le dije al Profesor Jiménez de Hoyos, quien ya está retirado pero fue un notable Rector de la Facultad durante muchos años, que querías saber algo sobre Darwin y su teoría, pero algo que pocos supiesen. Se sonrió y me dijo que a él también le gustaría saber algo así, pero que iba a hacer lo posible por satisfacerte.

Te cuento que la charla fue apasionante. El viejo conoce a Darwin como si hubiese sido un familiar de él. Me confirmó que era un hombre algo complicado, tan histérico como yo suponía, y que sus problemas del corazón eran consecuencia de su carácter algo alterado. Pero que eso, en realidad, se había ido corrigiendo con los años, más cuando se dedicó a estudiarse y publicar notas acerca del desarrollo de su propia mente y de su propia personalidad. Que luego de ser cosas muy variadas había ido convirtiéndose en un verdadero naturalista.

Me dijo que ibas a poder encontrar sus trabajos por todas partes, tanto escritos por científicos que los compartían plenamente como por fundamentalistas religiosos que los negaban de plano. Así los llamó, “fundamentalistas religiosos”, con lo que podrás darte cuenta de qué es lo que Jiménez piensa sobre el tema.

Sugirió que debías buscar información acerca de Alfred Russell Wallace. Este científico envió a Darwin un manuscrito con casi lo mismo que el libro que Carlos estaba por publicar. Eso produjo en él temor de darlo a conocer. Todos seguramente dirían que se había copiado de Wallace, que lo había plagiado o, al menos, que Darwin no era el primero en proponer esta teoría. Pero lo convencieron de que lo publicara al menos como un resumen.


Jiménez me contó muchas otras cosas sobre los trabajos de Darwin, pero creo que lo que a vos te puede interesar es que publicó su libro sobre el origen de las especies el 24 de noviembre de 1859, se imprimieron 1.250 ejemplares y se vendieron todos ese mismo día. Un verdadero éxito editorial.

***

Muchos caminos y muy diversos se fueron abriendo poco para complicar la investigación. Si fueron seres extraterrestres los que me impulsaron a comenzarla, esos mismos seres extraterrestres iban agregando piedras a mi camino, quizá para hacerme merecer esa distinción no solicitada.

La ciencia y las creencias se entrecruzan continuamente cuando se intenta analizar un tema básico conceptual. ¿Estaremos los humanos capacitados para investigar asuntos propios de la historia, el presente y el futuro de esta especie a la que pertenecemos?

Pues de eso trata la novela y el rompecabezas armado o al menos insinuado puede ayudarte a encontrar respuestas. Puedes tener tu copia completa muy fácilmente. Consúltame utilizando el formulario que encontrarás en este blog o enviándome un email a mi correo personal.

Desde ya, muy agradecido por tu interés.

Prof. Daniel Aníbal Galatro

Otro Génesis posible: recibo otro mensaje desde el espacio exterior


El horario estaba bien. Yo no. El cuarto mensaje. ¿Qué diría?

- Era la chica esa de los OVNIs, ¿no? ¿Ahora qué quiere? – preguntó Olga.

Se había despertado con el llamado telefónico y, ¡milagro!, había sido impulsada a levantarse por la curiosidad de saber quién podría ser a las dos de la mañana.

- Sí. Ella no quiere nada. Tus amigos, los zetarreticulianos, quieren algo. – le informé. - Debe ser algo importante porque se expusieron a que los vieran.

- ¿Y los vieron? – se asombró ella.

- No a ellos pero sí a su nave y al mensaje que dejaron. – le confirmé.

- ¿Un mensaje para la Humanidad? – siguió inquiriendo mi esposa, entredormida pero comprendiendo perfectamente nuestra conversación.

- No para la Humanidad. Para mí solito, con nombre y apellido. Y lo dejaron en la casa de Marta, la chica esa. – puntualicé. – Mañana…, mejor dicho dentro de unas horas, me lo traerá. A las 8. Ahora volvete a la cama.

- ¡Ni loca! Ya estoy bien despierta y no me voy a poder dormir otra vez después de lo que me contaste. – dijo mientras iba rumbo a la cocina para preparar algo.

Yo tampoco lograría dormirme después de eso. Nos quedamos conversando entre mate y mate hasta que amaneció. Aproveché para ponerla al tanto de muchas cosas que había aprendido años atrás sobre este tipo de fenómenos. Le dí detalles que nunca le había dado sobre lo que había leído y comprobado personalmente. Quería que se tranquilizara totalmente, que no tuviera ningún temor ni con los extraterrestes ni con sus manifestaciones algo espectaculares. Después de tantos años de andar tras sus huellas allá por los años 70 y 80 nada me había sucedido.


En realidad la estaba preparando porque en cualquier momento un zetarreticuliano o cualquier ser extraño de otra tipología podía estar tocando el timbre de nuestra puerta. Y quizá compartiendo unos mates con nosotros. Nunca se sabe.

***

La cuestión parece aclararse. O quizá cada vez está más oscura. Lo que comenzó siendo una especie de juego va involucrando al autor en forma peligrosa. No debería importarme demasiado si no fuese que el autor soy yo.

Puedes encontrar respuestas a todas estas preguntas leyendo "Otro Génesis posible" completa mañana mismo. ¿Cómo recibir la novela en tu propia PC o en tu propio celular? Envía el formulario que encuentras en este blog y te diré los sencillos pasos a seguir.

Espero tu email. Es tiempo de que nos conozcamos mejor.

Prof. Daniel Aníbal Galatro

Otro Génesis posible: OVNIs en casa


- ¿De qué se trata? –pregunté realmente interesado. Realmente no podía imaginar el motivo de su consulta. La joven no aparentaba ser estudiante, ni alguien que quisiera entrevistarme para algún periódico o programa de radio, como otras veces había sucedido.

- Pilar me dijo que usted investiga los OVNIs. ¿Es verdad? –Me miraba con mezcla de curiosidad y esperanza.

- Investigaba. Hace muchos años. – expresé lentamente. Yo le había contado a Pilar sobre mis aventuras más de una vez. – Pero no soy realmente un experto – le aclaré. – Solamente un aficionado.

- En mi casa pasan algunas cosas extrañas. – comenzó a explicarme. – Se mueven libros, platos, cuadros, sin que nadie los toque. – Su voz se hizo más misteriosa pero hablaba con toda simpleza y convicción. – A veces se corta la luz durante un par de minutos para luego volver a encenderse sola. Y durante el tiempo en que la luz está apagada se oyen unos jadeos y ruidos que no se sabe de dónde provienen. Estamos todos muy asustados.

- ¿Por qué creés que eso tiene que ver con los OVNIs? – inquirí mirándola directamente a los ojos para detectar alguna posibilidad de mentira o alteración mental.

- Mi vecina dijo haber visto algo sobre mi casa una de las veces en que esas cosas raras pasaron. Una esfera que reflejaba las luces de la calle. – me indicó con rostro dubitativo.

Este último dato no era para ella tan seguro como los anteriores.


¡OVNIs y fenómenos extraños! Tema para León. Me hubiesen interesado más en otra oportunidad. Con el asunto en el que estaba en esos momentos no tenía espacio vital para contener ninguna otra historia, ni real ni ficticia.


***

Porque esta investigación, con un toque de ficción pero mucho de realidad, reúne múltiples temas que buscan responder a otras tantas dudas que seguramente te has planteado, creo realmente que disfrutarás de esta "Otro Génesis posible" que ya cumple diez años de recorrer el mundo a través de internet.

Y es un buen momento para que tengas tu propia copia y en tu propia computadora o celular para que puedas bucear en asuntos que bullen en tu cerebro.

Usa el formulario que encontrarás en la columna derecha, envíame un mensaje y te diré cuán fácilmente podrás tenerla.

Te espero

Prof. Daniel Aníbal Galatro


Otro Génesis posible: Darwin se desvanece en la calle


Seguí leyendo los papeles impresos por Federico. Era más de lo mismo. Mucho más. Extremadamente más. Planteaba postulados tales como “la especialización es siempre la pérdida permanente de parte de la información genética”, “toda adaptación es una pérdida de propiedades y no se transmite hereditariamente”, “como la pérdida de propiedades no puede ser demasiado prolongada porque se perderían los caracteres esenciales de la especie, entonces todo proceso de adaptación debe tener un límite”.

Todo esto parecía posible para Darwin y para sus críticos. En cambio, el hombre descendiendo del mono resultaba solamente una exageración darwiniana. Si el hombre no desciende del mono, entonces pudo haber sido creado, implantado en la Tierra por alguien exterior. Ese alguien pudo ser, como la Biblia asegura, Dios, el que no solamente creó al hombre sino a todos los minerales, vegetales y animales que estuvieron, están y estarán.

¿Puede seguir todavía ese proceso creativo? Otra vez según la Biblia, no. Porque estamos en el séptimo día o séptima etapa: Dios descansa. Solamente dejó funcionando las mutaciones genéticas para que el sistema se automantenga corrigiéndose permanentemente.

Si dejásemos fuera los zetarreticulianos todo estaría redondeándose bien. Darwin solamente habría exagerado sus conclusiones, la ciencia no se opondría a la Biblia, ambas se explicarían mutuamente y todos felices. Pero los zetarreticulianos estaban ahí, quizá para provocar lo que ocurrió inmediatamente.

Una de las hojas que había dejado Federico sobre mi mesa estaba escrita con otra tipografía, algo más pequeña. Describía los últimos meses de la vida de Darwin y los homenajes que recibió luego de su muerte. De esas pocas líneas me interesó solamente la que decía: “En diciembre de 1881 viajó a Londres a visitar a una de sus hijas y sufrió un desvanecimiento en la calle.” Sin saber bien por qué, copié eso en mi agenda. Ni siquiera analicé si podía o no ser relevante. Era un dato diferente, un detalle.


Ese simple detalle me haría viajar miles de kilómetros en un tiempo nada lejano del momento de anotarlo. Todo lo contrario.

***

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Prof. Daniel Aníbal Galatro
danielgalatro@gmail.com


Otro Génesis posible: buscando datos en el Museo



Transitando uno de los enormes pasillos dirigí mi vista a la sala de los fósiles. Sonreí como en oportunidades anteriores imaginando qué ocurriría si yo fuese un perro y me encontrase ante tantos huesos.

Junto al dinosaurio más grande, el que ocupa el centro de la sala y cuyo nombre jamás recuerdo sin leer el cartelito que tiene a su lado, un hombre joven, de pelo negro y lentes de marco también negro, vistiendo un blanco guardapolvo, observaba ese rompecabezas de hueso mientras tomaba notas en un cuaderno.

¿Y si le preguntaba a él sobre Darwin? Tenía “cara de saber mucho”, o seguramente me lo pareció, ya que ese tipo de rostro no existe realmente. Conozco varias personas con cara de poco lúcidos que son realmente unos genios, y otros con cara de genios que…

Me acerqué a él.

- Perdón. Buenas tardes. – le dije, agregando luego mi nombre a modo de presentación formal.

- Excúseme. No soy de aquí. Si desea saber algo acerca de esto, le aconsejo que busque a alguien del Museo. – respondió con seriedad al tiempo que me echaba un rápido vistazo.

- No. No es sobre un tema específicamente del Museo. ¿A qué te dedicás?– le pregunté, tuteándolo sin sentimiento de culpa en razón de nuestra marcada diferencia de edades.

- Paleontología. Me llamo Gallardo, Raúl Gallardo. Soy argentino, de San Isidro, pero desde hace unos años vivo en México con mi familia. – me relató, ya resignado a hacer una pausa en su trabajo. – Allí hice la carrera.

- ¿En la Universidad Autónoma? – aventuré para demostrarle algún conocimiento sobre ese país.

- Sí. En el Distrito Federal. – me confirmó, sonriendo. - ¿Y qué es lo que querés saber? Si puedo ayudarte… - ofreció, compartiendo mi tratamiento informal.

- Darwin y su teoría de la evolución – le precisé. – Tengo algunas dudas…  En realidad sé muy poco acerca de eso.

- Mi sensación actual es que nadie sabe mucho. A mí me interesó porque, en su momento, fue una posición revolucionaria y muy discutida. – aclaró – Aunque durante casi todo el siglo veinte fue lo que se enseñó como la mejor explicación del origen de las especies.

***


¿Y por qué no? A cualquiera que no fuese yo se le hubiese ocurrido comenzar por la ciencia y no por la religión. Ya había pasado por los asuntos basados en la fe pero la racionalidad indicaba otro camino considerado más sólido por los que en el siglo XX se estimaban más sólidos y confiables.
¿Sirvió este cambio de rumbo?

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Prof. Daniel Aníbal Galatro

Otro Génesis posible: el miedo a las otras verdades



- No sé qué hacer, León. – le confesé. – Por un lado tengo la curiosidad por saber más de todo esto y por el otro…

- Tenés miedo. Como lo tuviste hace años, ese día en que el comandante de la nave extraterrestre te citó y no fuiste. Como tantas otras veces en las que te di pistas sobre algunos asuntos vinculados con ellos y no te animaste a seguirlas. – me reconvino. – Y ahora no sabés qué hacer. Sí que lo sabés, pero tenés miedo. Esta es una decisión crucial en tu vida. O te asustás tanto que te paralizás y dejás todo aquí, como otras veces, o tomás coraje y enfrentás lo que venga para llegar hasta el fin. – me dijo, retándome como nunca lo había hecho en tantos años de amistad.

- Usted, ¿qué haría? – le pregunté después de un pesado silencio alimentado por ambos.


- ¿Importa lo que yo haría? Importa lo que vas a hacer vos. Me dijiste que querías escribir una novela sobre todo esto. Que iba a ser el movimiento final de no sé cuál sinfonía. ¿La vas a dejar inconclusa? Vos y yo sabemos cosas que muchos no saben. Hemos investigado asuntos por los que los demás nos creían locos o algo tontos. ¿Sabés lo que yo daría por estar en tu lugar? A mis setenta y pico de años poder emprender una aventura así. Es un premio que muy pocos reciben. ¡Y vos querés desperdiciarlo porque sentís miedo! ¿Te asusta que se te vengan encima los defensores de cualquier religión? No va a pasar. Dirán que es solamente una novela, que el autor es muy imaginativo, o que sos un escritor mediocre que buscó tratar este tema para llamar la atención. ¿Quién más puede atacarte? ¿Los zetarreticulianos? Nunca atacan a nadie. Tratan de mantenerse ocultos y manifestarse solamente a través de sus acciones, pero procuran que nunca se puedan relacionar con ellos. ¿O realmente no sos tan librepensador como siempre me dijiste que eras? ¿Es que te asusta buscar una verdad tan importante? ¿Pensás que por qué vos? ¿Y por qué no?

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Prof. Daniel Aníbal Galatro

Otro Génesis posible: comienzo a conocer mejor a Darwin


- Estábamos con Darwin y su teoría – le recordé. - ¿Es lo que sigue?

- Es lo que te acaba de llegar. El Josia ese autor del libro era ceramista, no escritor. Era hermano de Susana, la madre de Carlos Darwin. Hizo muchas cosas diferentes, tales como ser el promotor de la construcción de un canal para unir la región con las costas, y además fue miembro de la Royal Society. – dijo León, demostrando conocer bien al que él llamaba “el Josia ese”. - Como si esto fuera poco, cuando Carlos quiso embarcarse a bordo del Beagle para trabajar como naturalista a las órdenes del capitán Fitzroy y así recorrer el mundo, su padre se opuso, pero Josia, tío y futuro suegro del muchacho, lo pudo convencer de que se lo permitiera. ¿Sabías que Darwin hablaba bastante bien el castellano? Lo aprendió en Tenerife, antes de iniciar el viaje.

- ¿Y qué hizo que Josiah se interesara tanto por ayudar a Carlos?... No me diga. ¿Algo relacionado con los zetarreticulianos? – aventuré.

- Esa es una de las muchas cosas que vas a tener que averiguar por tu cuenta. – respondió mi amigo.


Obsequiándome el libro y los dos mensajes me deseó suerte al tiempo que íbamos hasta la puerta de calle. Me sentía raro. No mal ni bien, solamente raro. Como si fuese el protagonista de una película de aventuras. Era protagonista, eran aventuras, pero, lamentablemente o no, estaba lejos de ser una película. Era la realidad.

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Prof. Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina

Otro Génesis posible: el muro de la fe


Un cura católico, el hijo de un rabino, un pastor evangélico. ¿Cómo se me había ocurrido discutir nada menos que el primer libro de la Biblia, el famoso Génesis, con tres convencidos defensores de las Escrituras, para ellos “Sagradas Escrituras”? ¿Cómo les iba a decir que alguien me había sugerido que los seres humanos habían sido sembrados por extraterrestres provenientes de una estrella más que lejana? ¿Cómo podía pensar que aceptarían que el hombre era, apenas, un mono inteligente?

“Son verdades reveladas que hay un Dios Creador“, inicia un himno religioso que además agrega: “que a los buenos dará el Cielo y el infierno al pecador”. El Credo que la Iglesia Católica produjo en el concilio de Nicea obliga a sus fieles a creer en “Dios Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra…”. ¿Está mal que sea así?

Una religión se basa en la fe. Es un conjunto de creencias en cosas que no se han visto personalmente. La fe, como todos mis interlocutores religiosos habían estado de acuerdo, es un don, una gracia del propio Dios. Es la vida del creyente, su soporte espiritual, su esperanza de supervivencia en un Más Allá.

Las religiones bíblicas retornan continuamente a su Libro para nutrirse y reforzarse. Y las religiones o creencias que se han alejado de sus fuentes han perecido. Así es para este grupo de creyentes, así es para los musulmanes que se aferran al Corán sin desvalorizar la Biblia, así es para los que han permanecido. Quienes han pretendido en los últimos siglos crear nuevos sistemas de vida no fundamentados en una fuerte creencia religiosa han fracasado.

El muro de la fe tiene bases sólidas y paredes fuertes. Un puente entre el interior y el exterior de cada ser humano. “En algo hay que creer”, suelen decir. Apuestan a una religión que los contenga, que les explique todo lo que no alcanzan a comprender. Un Padre protector, amoroso, justo. Quizá un psicólogo pueda explicar las razones por las que el hombre necesita tener fe. Y es posible que todas las creencias sean, de una u otra forma, la misma creencia.

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Prof. Daniel Aníbal Galatro

Otro Génesis posible: la cita con el Comandante




Recordé una vez más, allá por la década del 70, cuando participaba de un grupo investigador de fenómenos “anormales”, tema de moda entonces. Y el viaje hasta Tacuarembó para verificar huellas de extraterrestres. Tenía treinta y pico de años, ganas de comprobar personalmente lo que aparecía por todas partes, de desmentir a Fabio Zerpa, a Antonio Las Heras, a los que nos querían hacer creer que los OVNIs existían. Pero volví más convencido que antes de que todo era posible en nuestro universo, “inquieto universo” según Max Born.

Por esos tiempos alguien me conectó con una psicógrafa, sujeto femenino de un fenómeno llamado “escritura automática”. Parecía haber ella establecido contacto con el comandante de una nave espacial que, según decía, sobrevolaba la región. Le hice solicitarme una cita con él. Según la psicógrafa, el comandante respondió aceptando e indicándome que estuviese un determinado día, a las 10 de la noche, en un preciso lugar. Entonces podría verlo personalmente.

El sitio elegido era sobre uno de los caminos que unen Ensenada con La Plata, más exactamente en el conocido como “Camino Rivadavia”, en el punto en el que se encuentra un transformador eléctrico de alta tensión. De allí parte una línea que alimenta la planta industrial de una empresa entonces llamada “Propulsora Siderúrgica” y hoy “Siderar”.

Era una oportunidad maravillosa. Tenía yo automóvil por esos tiempos y el lugar no estaba a más de tres o cuatro kilómetros de mi casa. Pero no concurrí.

¿Por qué? Todos me preguntan lo mismo desde aquel día. ¿Por qué no me presenté a la cita? El Padre Carlos diría “porque sos un agnóstico de barrio”, quizá su forma de llamarme “cobarde”. Si veía lo que supuestamente quería ver ya no podría seguir siendo ese “agnóstico de barrio”. Después de ese contacto vendrían otras cosas, quién sabe cuáles, y yo sentía miedo de vivirlas.

Falté a la cita con el comandante de la nave. Ese hecho quedó como una mancha en mi expediente de investigador. Podía haber escrito una página importante de la historia moderna, al menos de la ovnilogía, pero no lo hice.

¿Qué me hizo no ir? Quizá lo mismo que varias décadas después evitó que me escapara de Buenos Aires para no concurrir a la cita con el doctor Fridman. Lo que me condujo a estar allí sentado, esperando… ¿Lo que llaman “Destino”?

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Prof. Daniel Aníbal Galatro

Otro Génesis posible: el turno del pastor evangélico


Extraje la ya famosa agenda que me acompañaba, y leí:

- Según la Biblia, Caín fue el primer hijo de Adán y Eva. Luego tuvieron a Abel, Caín mató a Abel, y huyó del lugar hacia Nod. Finalmente la Biblia dice que después de cierto tiempo nació Set, y Adán siguió viviendo ochocientos años y engendrando hijos e hijas.

Ríos me miraba y a cada referencia mía asentía con su cabeza.

- La Biblia no dice cuántos hijos e hijas tuvieron. Solamente nos dice que tuvieron "hijos e hijas". Pero el autor del artículo indica que un historiador judío llamado Flavio Josefo llegó a la conclusión de que fueron 32 hijos y 23 hijas. Evidentemente Adán y Eva hicieron caso a eso de “creced y multiplicaos”. Según ese mismo pastor que investigó el tema, la única conclusión posible que puede extraerse de la Biblia para lo que siguió fue que Caín y sus demás hermanos, tanto Set como los otros hijos e hijas de Adán, tuvieron que necesariamente que casarse con sus hermanas y hermanos, y con sus sobrinas y sobrinos.

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Prof. Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina


Otro Génesis posible: cuando 1 + 1 puede dar cualquier resultado


Al llegar a casa me di una ducha con mucha agua bien caliente. Poco a poco iba retornando a la realidad. ¿La realidad? ¿Cuál era en ese momento mi realidad? 

Se me mezclaban imágenes todo el tiempo: el pequeño extraterrestre de Nuevo México sostenido por dos fornidos agentes del FBI, cuadros representando a Adán con Jehová o con Eva en el Paraíso, el rostro apacible de Fridman, mi amigo Rubén intentando convencerme de que solamente los Testigos de Jehová tenían la verdad sobre la Creación del hombre, el Obelisco, en fin, un verdadero caos. Quizá ese caos era mi realidad.

Debía “parar la pelota”, como dicen en el fútbol. Porque si no ordenaba ese caos no podría ordenar mi realidad actual.

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La investigación que procura dar nuevas respuestas al principal problema de la Humanidad: ¿Cómo aparecimos los seres humanos en este planeta.? Si te interesa conseguir el libro completo puedes consultarme a mi correo danielgalatro@gmail.com .





Otro Génesis posible: buscando respuestas en el Antiguo Testamento



Esta investigación casi obsesiva de llevó a buscar respuestas en fuentes disímiles, desde sacerdotes y pastores a científicos y brujos. ¿Cómo habría aparecido el ser humano en este planeta? ¿Creación? ¿Evolución? ¿Un proyecto extraterrestre? Todas esas preguntas que seguramente tú te has hecho más de una vez y que latían en mi pensamiento cada vez con más fuerza. Una posibilidad la busqué en esta entrevista.
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Los genes. Pensé que era una buena oportunidad para consultar a alguno que supiese realmente sobre eso. Me comuniqué con Federico, un amigo ginecólogo que atiende en una de las Clínicas cercanas a casa, y que se encuentra en el reducido grupo de médicos que yo admiro. Por supuesto, no es especialista en Genética, pero supuse que debía conocer varios realmente expertos. Así resultó ser.

Uno de ellos había sido su profesor en un curso de postgrado dictado tiempo atrás en Buenos Aires. Lo llamó por teléfono y concertó una entrevista para mí en su consultorio, casi frente al Obelisco, el martes siguiente a las 18 horas. Su nombre era Fridman, Doctor Saúl Fridman, una verdadera eminencia en la especialidad.

- ¿Es judío? – pregunté, temiendo que todo terminara otra vez en una discusión relativa a la fe.

- Creo que sí, pero no sé si practicante. – me indicó Federico. – Además, si lo es, te va a resultar interesante enfrentarte a alguien que navega los dos mares.

- ¿Qué mares? – me asombré.

- La ciencia y la religión, que para muchos son antagónicas. Aunque hay una tendencia en estos días a considerarlas con puntos de contacto suficientes como para que sus diferencias no sean insalvables.

- Fridman sería, entonces, uno de esos puntos de contacto. – propuse.

- Si se da que es un científico y, al mismo tiempo, un judío creyente. – completó, planteando las premisas necesarias y suficientes que harían verdadera mi proposición.

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Otro Génesis posible: consultando un cura muy especial


En un primer momento busqué alguien que, pese a ser sacerdote católico destacado podía aportar una mentalidad suficientemente amplia como para no darme respuestas dogmática.
Así lo entrevisté en plena plaza Moreno de la ciudad de La Plata y obtuve resultados sobre el Génesis y sobre mí mismo.

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El Padre Carlos me sonrió comprensivamente.

- ¿Sabés qué te pasa? – me explicó. – No sos realmente un agnóstico. Más probablemente sos un inseguro que busca la comodidad de no tener que optar por ninguna idea en particular y se refugia en una posición que titula “agnosticismo” pero que está muy lejos de serlo.

- Es cobardía, ¿verdad? – le pregunté mientras me sentía como un niño al que descubren haciendo una travesura.

- Es la duda. La duda no es cobardía ni valentía. Es una posición ante la vida. Porque seguramente en otras cosas también funcionás así. Aunque en esas otras cosas no podés esconderte tras un rótulo de “agnóstico”.

- Probablemente, Carlos. – reflexioné un momento. - Seguramente.

- Bueno… ¿Daniel era tu nombre? – interrogó para cerciorarse mientras entrecerraba sus ojos.

- Todavía lo es. Como el profeta. – repondí algo incómodo.

- No te sientas mal. Todos pasamos por eso. ¡Si te contara mis propias dudas…! Pero no vinimos a hablar acerca de vos, ¿cierto?

Me sentí aliviado al cambiar de tema. Carlos me había dicho lo que muchas veces pensé de mí. Sabía que siempre había explotado mi habilidad de transformar en preguntas o explicaciones ingeniosas las respuestas que no me animaba a dar. Y casi siempre había salido bien de esas situaciones. Pero ahora, con Carlos, esa habilidad no me iba a servir de nada.

- No. Vinimos… vine… a hablar del Génesis. Con usted, que sabe mucho más que yo. Eso, si le parece bien.

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Prof. Daniel Aníbal Galatro
Esquel - Chubut - Argentina


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