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Consideraciones acerca del demonio

Jesús curaba enfermedades y patologías. Se refieren en conjunto al demonio, porque todos los desórdenes que afligen a la humanidad son reducibles al pecado, del que el demonio es instigador. Entre los milagros de Jesús hay liberaciones de posesiones diabólicas, en el sentido preciso.


Vemos en particular en San Lucas que Jesús manda a los demonios que le reconocen como el Mesías.

El demonio es mucho más peligroso como tentador que a través de signos extraordinarios o manifestaciones exteriores asombrosas, porque el mal más grave es el pecado. No por casualidad en la oración del Señor pedimos: No nos dejes caer en la tentación. Contra el pecado el cristiano puede luchar victoriosamente con la oración, la prudencia, en la humildad conociendo la fragilidad de la libertad humana, con el recurso a los sacramentos, ante todo la Reconciliación y la Eucaristía. Debe también pedir al Espíritu Santo el don de discernimiento, sabiendo que los dones del Espíritu Santo se reciben con la gracia del Bautismo.

De un mensaje de
Cardenal Georges Cottier, O.P. Pro-teólogo de la Casa Pontificia

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
http://www.iesvs.org/

Carlos Mancuso y los exorcismos


Tuve el honor de conocerlo hace unos años. El Padre Carlos Mancuso me impactó tanto que lo convertí en uno de los personajes de mi "Otro Génesis posible", sin identificarlo más de lo debido pero ubicándolo, como correspondía, en plena Plaza Moreno de La Plata, teniendo como fondo la Catedral.
Amigos católicos me hicieron llegar, como lo hacen cada día, informaciones diversas vinculadas con temas religiosos. Entre ellas me acercaron la reproducción de una nota hecha a Mancuso en estos momentos en que después de muchas décadas deja su actividad como expulsor de demonios.
Reproduzco aquí solamente algunos detalles de esa entrevista:
***
Carlos Mancuso es el párroco del templo de San José, sobre la calle 6, y el cura autorizado por el obispado de La Plata para realizar el ritual más misterioso y estremecedor de la liturgia católica.
En la realidad, los exorcismos son mucho menos espectaculares que en la ficción. No hay levitaciones, telequinesis, multiplicidad de voces ni pronunciación de distintas lenguas. Al menos, el padre Mancuso, que lleva veinte años cumpliendo ese ritual redactado en 1614 y que tuvo leves enmiendas en 1984 bajo el papado de Juan Pablo II, asegura que jamás vio semejantes piruetas o clichés del folklore.

El sacerdote tiene orden de su obispo de no confraternizar ni entrar en diálogos.
El párroco de San José es uno de los más notables exorcistas de la Iglesia Católica argentina y no se trata de un sacerdote ramplón y ciego sino de un hombre intelectual y estudioso de la psiquiatría.
El exorcista y el poseso tienen algo en común: creen que Satanás existe y que puede invadir un cuerpo humano.
Para muchos miembros de la propia Iglesia el diablo es sólo una metáfora del mal. Una figura jamás corpórea ni parlante. Otros sectores tienen la seguridad plena de lo contrario. Se reconoce que Juan Pablo II realizó tres exorcismos y se recuerda que hace poco Benedicto XVI saludó a la Asociación de Exorcistas Italianos diciéndoles: "Ustedes ejercen un importante ministerio al servicio de la Iglesia".
Lo concreto es que, en la era de las computadoras y más allá de polémicas internas o externas, el exorcismo se sigue practicando discretamente en casi todo el mundo. Y Mancuso se ha convertido en un referente de esa praxis.
Lo llaman y escriben desde Estados Unidos y Europa, y lo invitan a realizar exorcismos en Centroamérica. Hace dos años tuvo que dar una conferencia en el Congreso Internacional de Psiquiatría, que se realizó en el Hotel Panamericano. El exorcista ha estudiado mucho esa materia, y los psiquiatras lo rodeaban pidiéndole que les relatara los casos más impresionantes.
Su principal trabajo consiste en dilucidar cuándo verdaderamente se trata de un hecho de posesión. En muchas ocasiones, descubre detrás de esos síntomas esquizofrenia, histeria o paranoia, y deriva a los pacientes hacia centros de salud mental. Muchas veces percibe que es simplemente trabajo para los médicos clínicos o para los neurólogos. Es que los exorcistas dividen los problemas en tres planos: el físico, el psíquico y el espiritual. Y sólo pueden intervenir cuando en los dos primeros no se ha encontrado la razón última del disturbio.
Atiende en su despacho, habitualmente cercado por libros antiguos. El primer caso de posesión que Carlos Mancuso vio de cerca ocurrió en los años 80 y la protagonista del evento resultó ser una catequista. El cura de su parroquia, cuando la cosa se volvió inmanejable y escuchó que ella misma aseveraba tener dentro una presencia maligna, fue a buscar a Mancuso. En aquel entonces, para practicar un exorcismo en la zona había que pedir permiso a monseñor Antonio Plaza.
Hoy el obispo Héctor Aguer le ha dado permiso especial a Mancuso para llevar a cabo esas ceremonias según su criterio: confía absolutamente en los razonamientos de su párroco. Plaza le dijo a Mancuso: "Háganlo pero con mucha prudencia, tal vez no se trate de una poseída sino de una enferma".
El crecimiento del ocultismo y la magia negra, la proliferación de sectas satánicas y las cofradías secretas, la multiplicación de hechiceros, curanderos y adivinadores, y la progresiva experimentación del espiritismo han sido el principal caldo de cultivo de los pacientes que el padre Mancuso ha venido atendiendo. La mayoría proviene de la provincia de Buenos Aires y de la Capital.
"No siempre podemos estar seguros de que no simulan la posesión -confiesa encogiéndose de hombros-. Pero si la persona se va de acá mejor, hemos hecho un bien, ¿no cree?"
El entrevistador cierra la nota con estas palabras:
Por cada hecho diurno hay un hecho nocturno. Hay una Biblia y una biblia negra, y un Cristo y un anticristo, un derecho y un revés, una diestra y una siniestra. Y un duelo entre los cultores del diablo y este gladiador de Dios.
Aún en mi incredulidad más absoluta, le digo que fue un honor conocerlo. Mancuso no puede con su genio y me recuerda una vieja sentencia católica: "Al infierno van aquellos que dicen que no existe el infierno".
***
Un exorcismo real:
(No apto para personas impresionables)



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