El descubrimiento de los
genes reguladores, que pueden "encender" y "apagar" los
genes para producir cambios enormes en el
fenotipo, presenta un nuevo dilema.
El paleontólogo
Jack Horner predice que en 50 años "podremos activar
interruptores genéticos... y volver a crear un dinosaurio a partir de un ave".
Pero esto hace que el
neodarwinismo sea aún menos plausible.
La probabilidad de que formas de vida complejas evolucionen de la materia no viva por azar es insuperable, pero parece aún mas improbable evolucionar también una clase de
genes reguladores y el
material genético para adaptarse a condiciones ambientales futuras aún no experimentadas.
Eso requeriría una superinteligencia, atribuyendo un carácter divino y mitológico a la
selección natural.
Irónicamente, los
creacionistas han sugerido mucho tiempo atrás que los cambios observados en las formas de vida posteriores a
Génesis 1 podrían estar basados en
material genético sobrante, respondiendo a
cambios ambientales, una idea hecha posible ahora por los genes reguladores.
Aun cuando la
macroevolución parece improbable mediante la vía tradicional (y los
genes reguladores son un fuerte argumento a favor del
creacionismo), el carácter mitológico del
neodarwinismo sigue manteniéndolo como la teoría dominante.
Como dice
Behe: "La mayoría de los
biólogos trabajan dentro de un marco
darwiniano y simplemente suponen lo que no puede demostrarse".
Los
evolucionistas llegan a afirmar que los
genes reguladores hacen que el
neodarwinismo sea más plausible porque el equilibrio intermitente se explica mejor por los
genes reguladores, pero esto sólo enfatiza cómo el mito de la
macroevolución debe ser protegido con un celo
religioso.
Este es, en realidad, un argumento a favor de la evolución teísta, porque el resultado más probable de las mutaciones aleatorias en los genes reguladores es una monstruosidad.
La evolución como mitología estudio 4según Bismarck7