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Génesis: La historia de José y las finanzas


La Vanguardia - España

El Génesis narra la historia de José, que sabía interpretar los sueños. El faraón soñó con siete vacas gordas y siete vacas flacas, y las segundas devoraban ...


El etrog: frágil y fragante


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En Génesis 3:6, nehmad es el adjetivo que se usa para describir el Árbol del Conocimiento. Esa es la base sobre la cual Ramban sostiene que la fruta ...

Entrevista a Clifford Stone

www.erks.org
P R E S E N T A
N e w s l e t t e r 2 0 0 8

"Entrevista a CLIFFORD STONE"
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Click aquí en Español :
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Cambio climático y arquitectura

EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA ARQUITECTURA
Arq. Adrián Alanís Quiñones
en RazonEs de Ser

Y dijo Dios... (Génesis 1:11-12)


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"Génesis" - Concierto sinfónico coral

Concierto sinfónico coral, es un decir.
En realidad es una obra pop, mezclada con pasajes instrumentales y otros cantados, que intenta hacer una relectura del Génesis bíblico, con la participación de más de cien artistas, incluidos cantantes conocidos en el ámbito popular como, Luis Galich, Nelson Leal, Rocío Recinos, Sophia Alvarado, Edmundo Brol y Tavo Bárcenas.
Con todo ese conjunto, se presentó esta obra el viernes 10, en la Gran Sala del Teatro Nacional.
Bajo la dirección del maestro ecuatoriano Claudio Jácome, y con el apoyo del pianista y director musical Roberto Estrada, se trasladaron 19 fragmentos musicales basados en la Biblia, sin plantear nada nuevo y con cierta frivolidad.
El trabajo musical tuvo tramos de espectacularidad orquestal. Como en Aguatierra, donde la frase ¡“haya un firmamento en medio de las aguas...! Y llamó a lo seco, tierra y a la reunión de las aguas, mares”, sirve para lucir una expresiva orquesta; Hazle, donde toda la masa coral (los ángeles), muy a la manera del grupo Era, y Bárcenas (Lucifer) con una voz poderosa y directa debaten ante Dios; y Maldición y destierro, donde la orquesta plena arrulla la cálida voz de Recinos.
En cuanto a los solistas. Galich (Dios), participó en No intervengáis, en realidad una balada, y luego en No basta, basada en un texto donde Dios conmina a Adán a cuidar lo que le va a dar. En ambas se mostró la vigorosa garganta del cantante, aunque proclive a adoptar una postura operática y a exagerar con su vibrato. Por último, Leal, que hizo el papel de Adán, interpretó Solo (por cierto con un fin abrupto), La pareja (a dueto con Recinos) y La esperanza. En todas, su voz siempre solvente pero con una interpretación cándida de letras poco inspiradas. De hecho, La pareja, es una canción que evoca aquellas que hace decenios cantaban Diego Verdaguer y Amanda Miguel, o Álvaro Torres y Marisela.
Para mayor desánimo de la obra hubo fuertes carencias escénicas y visuales, sea por el cuerpo de bailarines por sus despropósitas intervenciones, por un diseño de luces muy del tipo Las Vegas, y por unos narradores militares y monocordes.
Así, está Génesis terminó sin pena ni gloria, con un 20 por ciento del teatro ocupado, y sin dar muestras de poseer los ases suficientes para ganar la atención de esas grandes masas de fieles que llenan las iglesias los domingos.

Una génesis sin impacto
elPeriódico (Guatemala) - Guatemala

Los indios Zoé de la selva amazónica

EL HOMBRE PERFECTO
Escrito por Miguel Galindo Sánchez

en MurciaRegion.com - Murcia, España
15.10.2008.

Los encontraron hace veinte años en el corazón de la selva amazónica. Son los indios zoé. Viven desnudos y felices como en un capítulo olvidado del Génesis. Como los últimos hombres libres, a los que nuestra desarrollada civilización les importa un jodido pimiento. El etnógrafo francés Nicolás Hulot nos cuenta del postrer paraíso en un planeta que agoniza, mientras los buenos salvajes vuelven su rostro a la poca naturaleza amable que sobrevive, y sus espaldas al resto de una humanidad que les hemos traicionado.
En lengua zoé no existen la palabra “gracias” ni la palabra “mío” porque no son necesarias. Todo es de todos, y hay para todos más que suficiente. La codicia es algo desconocido en su sociedad, casi insultantemente solidaria. Los celos es otro sentimiento que tampoco conocen, porque las personas, dicen, solo son suyas, y no son de nadie más. Nada cuesta nada, todo es gratuíto y generoso, y solo son los dueños de su propio destino. La envidia, el rencor, la competencia, son conceptos ignorados por absurdos. Todo está al alcance de la mano y solo cazan y cogen de los árboles lo que en cada momento necesitan. Dan las gracias al buen Dios del mundo que se lo pone a huevo, e incluso respetan la vida a los animales que logran escapar de sus flechas, hasta que éstos se mueren de viejos.
No hay golpes, ni gritos, ni precipitación, y todo es cálido, dulce, tierno, calmo y puro. Si existe alguna tensión entre dos, se les tumba en el suelo sin violencia, boca arriba, y una mujer, siempre una mujer, les hace cosquillas en la barriga hasta arrancarles carcajadas. Todos ríen con ellos, y ahí acaba todo. Si alguien se siente malhumorado, se retira voluntariamente del poblado, se tiende y medita sin prisas, hasta que recupera la sonrisa. Solo entonces vuelve entre las muestras generales de alegría. Respetan el saber y la experiencia, solo miran por el bien del colectivo, cuidan a los niños y ancianos con especial mimo y dedicación. Nunca riñen, ni castigan, solo guían y aconsejan. El espíritu guerrero de las tribus está desterrado de su pensamiento.
No tienen jefe, ni chamán, ni existe autoridad, ni poder, ni jerarquía alguna entre ellos. Todos son iguales, todos tienen los mismos derechos, pero no existe el concepto de obligación si no el de dedicación. Se rigen en poligamia y poliandria, y es la base de su relación familiar y de cohesión social en una estructura abierta, desinhibida y compartida, donde su naturaleza moral es la moral natural. Sin más historias. Sin más cuentos. Sin dogmatismos artificiales ni moralismos artificiosos. Sin imposiciones ni prohibiciones. Lo malo es lo que hace mal y lo bueno solo trae cosas buenas. Así de fácil y sencillo. Naturalmente natural…
Así que los zoé poseen la hermosura de los que viven sin angustia, y la paz profunda en la mirada de los que viven en constante sabiduría. Hulot se quedó impresionado por su belleza perfecta, por sus rasgos nobles y serenos, y por sus ojos, dulces, apacibles y penetrantes. “Esto es la más alta inteligencia y racionalidad en su estado más puro”, se dijo a sí mismo… Y tras convivir un tiempo con ellos, regresó a la insensibilidad helada de un mundo ciego y suicida con la mayor carga de tristeza y desconsuelo que alma humana alguna pueda experimentar.
Lo comprendo… Lo entiendo perfectamente, tío Nicolás… Por nadie pase, coño.


EL HOMBRE PERFECTO

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